Bitácora en la radio.

Desde hace algunas semanas he estado participando en un programa de radio que intenta ser cultural. Hablo ahí de literatura, de cultura, y hasta de mis más acendradas obsesiones. Resulta que me hago la ilusión de anonimato desde la cabina de radio, un lugar, por lo demás, mágico. A quién haya experimentado esta sensación de hablar al vacío desde un cuarto de locos, sabrá de qué hablo. El programa es cada martes a eso de las 10 30 de la mañana. Sé que a esas horas es temprano para hablar de literatura, y que si no sucediera tampoco se caería un puente o se salven vidas, pero cuento con la venia de que a ese horario ya es hora del café con libros.

Comenzaré por comentar los temas de los últimos programas. Hace ocho días estuve con un invitado. Mauricio Ramírez. Dedicado al teatro, presenta cada sábado una temporada en un café de la ciudad. Dos obras componen el abanico de posibilidades, y entre sus temas socorridos están la vacuidad, el absurdo y la violencia. Él intenta mover conciencias, intenta, me parece, ser un Sísifo feliz.

En el programa anterior a éste, me atreví a hablar de poesía. hablamos de Antonio Machado. Nada trascendente, sólo un intento por recordarlo quizá; un espacio donde recitar algunas de sus canciones consagradas. Todo ejemplar, de cualquier manera, no a diario se habla de poesía española, por ejemplo. Hay una que recuerdo particularmente por ese hálito de muerte que se huele al merodear por la poesía rítmica de este poeta:

Siempre fugitiva y siempre
cerca de mí, en negro manto
mal cubierto el desdeñoso
gesto de tu rostro pálido.

[...]

Detén el paso, belleza
esquiva, detén el paso.
Besar quisiera la amarga,
amarga flor de tus labios.

Los siguientes comentarios que me atreva a dejar en este blog abandonado, creo, rezarán sobre el programa. No me significan algún compromiso. No reflejan para nada mi estado anómalo cotidiano, y no necesitan otra cosa que no sea la posibilidad de reponerlos en la memoria.

He hablado sobre Kafka en semanas anteriores. Todo esto debido a una compra que hice dilapidando mi quincena de mayo. Recorría junto a un colega la Feria Nacional del Libro en león, mientras reñía vía mensajes de texto incontenible, encontramos un stand pequeño y sobrio. Era la editorial Sexto piso. Presumían en el escondite ése, una ediciones fenomenales de varios autores. Decidí adquirir dos textos; por su parte, mi afición a Vila-Matas y mi lealtad a editoriales atrevidas hizo que me embolsara sin pensarlo dos veces Viento ligero de Parma; por otro lado, no pude evitar fascinarme con una edición prologada y comentada por el traductor de la misma, Roberto Calasso de Los Aforismos de Xïrau, de Franz Kafka. Me llamó la atención, más que el autor, la edición. De cuartas negras, con un distintivo diseño. Una introducción ejemplar y muy sentida; y el contenido, no quepa duda que es bestial.

Debo aclarar que el autor de El castillo nunca fue de mis preferidos. Sus escritos siempre me abrumaron. Pero en esta ocasión y aojo de pájaro he encontrado simbólicas consignas de clarividente sentido de y para la vida. No es que haga de la literatura y del pensamiento íntimo una utilidad, sólo que son párrafos tan claros que ofenden; roban un risueño gesto y hacen que el levantamiento de cabeza a la barthiana sea inevitable.

Y nada, en el programa de radio terminé repitiendo uno de los aforismos que más había llamado mi atención y calado en mi ánimo por cuestiones meramente personales, por supuesto, todos estamos influenciados, y a cada cual nos aparece una verdad de acuerdo a lo que esperamos escuchar:

"Dos pecados capitales dan origen a todos los demás: La impaciencia y la inercia. por la impaciencia la humanidad perdió el paraíso, por la inercia le es imposible recuperarlo aún".

Más adelante y en diversas entregas trataré de informar a mis dos lectores lo que he vociferado al aire en XE-AMO 870 de am.
Read more

hoy, no me queda ni el ánimo para querer bajar los brazos.


He sido rechazado por todo al que me le he parado enfrente. Un reconocido poeta, escritor e influyente editor ni siquiera me dio oportunidad de ofrecerle mis textos. Simplemente me rechazo. El crítico de Tomás Segovia, un Catalán reconocido a nivel mundial por fumar interminablemente, me ha volteado la cara también. Recibí una llamada telefónica, mi hermano mayor me dio el mensaje tarde; cuando por fin me reporté, sufrí mi vigésimo segundo desaire de la semana. Ha sido para los perros este centenar de horas del que no me levanto ya. Todo el que quiera gritarme, dígalo, creo que soy un pushing bag. Tengo indomables ganas de querer bajar los brazos. Simplemente estoy hasta mi madre, y eso que apenas estoy en la amenaza del viernes.


No voy a ningún lado. Mi realidad me pesa; es cierto, no tendría derecho a quejarme, los niños de Mozambique deben sufrir mucho más. Un niño de mi cuadra por ejemplo, perdió a su hermano dos años mayor que él hace unos días cuando una descarga eléctrica le cayó trayéndole la muerte. Quién putas soy yo para urgir delirantes quejas al cielo o al infierno. Quién me creo yo para decir que soy desgraciado. Quién podría ser más ingrato que yo.

Pero el escritor de los viernes, ése que promete promesas incumplidas, no ha querido prometerme a mí, no guardo entonces aguna esperanza de algo. Sólo clases en los liceos de la provincia y a diletar por las cuadras mal trazadas de uan ciudad que ni quiero mencionar. buscar refugio en los cafés de la región... y hacerme viejo. Europa sólo la veré en el mapa o en los libros de Pessoa, Bolaño y Vila-Matas. El futuro es tan desalentador como yo mismo lo elegiría para sentir la posibilidad del fracaso como destino. Pusilánime me dijo alguna vez alguien. Mediocre otras tantas lo he escuchado. Raro mil veces más. Lo que sea, pero he llegado al punto, y todavía sin viajar lejos, sin ver sangre en algún Sarajevo, sin vivir injusticias de clases social como Neruda mismo, en el que me canso de ser hombre.

Estoy, como cada viernes, hasta mi chingada madre. Soy mal bebedor. Si fumo mucho me cae la presión. Duermo mal y poco. Si me pongo histérico mi orgullo me impide llorar. Qué jodidos se hace en estos casos eh? será mi opción Convertirme con alguna pócima mágica en sapo?

No puedo ni siquiera desear un suicido. No sé qué ráfaga de moral me impide ser así de radical. Estoy enfrascado, estoy jodido.
Read more

sólo por susurrar.

Me viene a la cabeza una pregunta. Tenía un tiempo sin pensármelo. A nuestra edad, con nuestra falta de inocencia; bajo el yugo de las erecciones y del contrabando de imágenes inevitablemente adultas, Habrá la posibilidad ínfima de saborear la ternura; no una misericordia, no una compasión, sino la ternura. La frescura de un beso robado casi sin tocar.

Infantil y trémula, la ternura se me antoja. Así con el intenso roce. Me seduce.
Read more
 
Free counter and web stats