Frustración.

Hace ya algún tiempo publiqué un artículo donde comentaba algo acerca de la amplitud y tolerancia ante la frustración. La prensa escrita, hablo del Sol de Irapuato, se encargó de ilustrar aquel comentario que dejé en este blog. Que más que hablar de frustración, describía un episodio en el que, precisamente, apelaba a lo irracional, a lo frágil emocionalmente, a lo peligroso que se podría presentar una gran masa de individuos que no saben ya cómo convivir con la frustración de todos los días. Meses después, decidí eliminar esa parte de mi vida y con ello el artículo se desvaneció fiel a su naturaleza virtual. No era optimista, ni mucho menos, pero tampoco era mi intención volver a vivir lo que en aquella ocasión describía aún mórbido.

Volvió a pasar. El domingo, al medio día, en una colonia alejada de la civilización, echamos en carrera una oncena de amateurs del fútbol perseguidos por toda una turba equipada con vidrios, palos, ganzúas y lo que se le parezca. Dispuestos, está demás mencionarlo, a acribillar al que alcanzaran. Todo porque un tipo quería bronca y la andaba buscando a costa de lo que fuera. Así, medró y lo logró. Alguien se enganchó con él y cometió la gran ofensa de dictarle una o dos de las ofensas que él balbuceaba como energúmeno para todos nosotros. Imposible. Digno de cadenas y grillos el tipo se lanzó contra un tipo casi veinte centímetros menos que él, muchas menos intenciones de romperse la cara a golpes y con la sorpresa de verse embestido sin más por aquél orangután. No pasó lo inminente. Lo apergollaron entre media docena de sus coequiperos y nuestra víctima lo encaró como el que encara al león detrás de la reja. No bastó. El tipo contagió a los demás tanto de un equipo como del otro. Todo mundo, de un momento a otro quería pelea. Se enfrío heladamente hasta lacerar la piel al descubierto el ambiente y el chirriar se escuchaba por todo el campo abierto, lejos de edificios y casas, con el horizonte claro. Busqué a mi hermano y a un buen amigo entre la marabunta. No estaban. Tanto mi hermano como a quien buscaba además de él, y yo, estábamos fuera de la turba rabiosa e incontenible. Los demás ya habían afilado los dientes. Aquello me parecía conocido. Todo era una repetición de otra corretiza hace algún tiempo. Ahora, sin embargo, mi coequiperos no eran una bola de chamacos como lo éramos aquella vez. Ahora eran los carniceros (juego para un equipo que se conoce como "El Rastro"). Ahora en las camionetas de mis coequiperos había machetes y cuchillos de todos tipos. Ahora, hasta las esposas de los jugadores estaban dispuestas a la trifulca. Volví a temblar. Volví a sentirme en la selva. Discovery channel y sus elucubraciones y documentales estarían incrédulos: todo un ritual. Rodear. Romper. Rezongar. Retar. Rasgar. Rabiar. Reventar. Y yo sólo mirando.

Llámenme cobarde, pero puedo asegurar y si no aquella fotografía que David Ortíz menciona cada vez que me ve lo comprobará. Yo lo viví. Aún recuerdo, por ejemplo, que el golpe en el brazo derecho que me alcanzó se mantuvo recordándome el momento holocáustico casi un mes; y la experiencia, toda la vida. Así como al a rusa no la puedo ver, al tequila a veces lo repudio, las peleas en el fútbol las temo. Son, digámoslo así, una experiencia irrepetible, quizá, por qué no, catártica.
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Proposiciones a Estatua de sal.

Publicado en Sapere Aude, Año 2, Núm. 4, 2007. Búscala con tu voceador:

Proposiciones a Estatua de sal

Luis Felipe Pérez Sánchez.

I

Carlos Pellicer, dedica el poema Deseos a Salvador Novo. Funcionará, a manera de poética, como la directriz de las manifestaciones artísticas de los años veinte, un “grito de color […] un solo instante (para) cambiar de clima el corazón”[1]. Pellicer llama la atención de su destinatario. Se ha visto incitado a querer ser el que con la palabra seduzca. El Poema, me ha hecho pensar en Return Ticket, escrito por Novo entre 1927 y 1928 tras la travesía hacia Hawai siendo representante del gobierno mexicano. Muestra una aplastante descripción de la aventura. Casi siempre incómodo y atajándolo todo con ironía. No extrañan para nada estos diálogos íntimos, a manera de complot personal, frente a los actos sin sentido que tanto repudia. Recluta, dice él mismo, “recuerdos bochornosos” de inconforme. Un observador que mira por encima del hombro cualquier cosa en el que no parece haber color posible sino el desdén por todo:

No me asombras mucho con tus productos. Tampoco me extrañarás con tus mujeres si todas ellas son como tus postales lo dicen: exactos duplicados de las sufridas criadas de mi casa y de las oaxaqueñas que tan en boga ha puesto el programa educativo de redención al indio y la escarlatina mural de Diego Rivera[2].

Nada resulta exótico para este fiscal; en cambio, todo le merece un repudio de niño mimado. Se mofa, incluyéndose, característica del estilo personal, de lo que mira. Sin embargo, tanto Pellicer, que pide ser el “de las manos llenas de color”[3]como el disidente Novo, basan el reconocimiento de cualquier cosa que se les presente en la prueba empírica. Ante la fascinación, se funda un esfuerzo por nominar cada objeto, y es por medio de los sentidos, que el proceso de nombramiento se da. La asimilación del mundo, encuentra, para Novo, su cauce en la analogía; también el sarcasmo o la comparación; siempre espontáneo, intenso y crítico, hereda la poesía para colgarse como cuadros, el desarrollo de la sensualidad. En este panorama en el que ya da muestra del estilo testimonial y agudo, y un modo epistolar o de diario, característico por su energía en el que las metáforas fluyen, encuentra un lugar en el clima cultural de los años veinte.

El rechazo y el desdén de Novo y su incapacidad para reconocer algo nuevo o exótico en lo que se le presenta, se deben a que él mismo se postula como lo exuberante, como lo digno de mirarse, como el objeto de exhibición. Novo, escritor que se asocia con la provocación, es el modelo de las poses radicales en los años locos. Se coloca en el centro de atención tanto de la prensa como del mundillo intelectual. Apareciendo como ensayista, poeta o crítico de la moda y las costumbres, no hace falta hablar de sus cejas depiladas y sus manicuras. A Novo, atribuye Guillermo Sheridan la edificación, a través de la mirada del Dandy, de la llegada de México a los twenties. Alimentado por las influencias de Shaw o Wilde.[4]

La revolución que representan Novo, Villaurrutia o el mismo Owen, se enmarca en una hora política grave en el país. Ellos mismos asumen una caracterización de sus obras que surgían frente a la llamada novela de la revolución: la obra “posee una naturalidad […] que quizá a algunos les cause afectación”[5].

II

La práctica memorialística se convierte en necesidad a cierta edad. Novo presenta su autobiografía secreta concluida hacia 1945[6] y publicada junto a los sonetos eróticos en la colección de Memorias Mexicanas que presenta CONACULTA para 1996. Esta obra se convertiría en un hito por la fecha y el espacio en donde la presenta. Un texto destinado justamente a ser lo que Monsiváis, en su prólogo a la obra, apunta, “un documento pionero en el que habla como nadie antes y pocos después de sus prácticas sexuales”.[7] La autobiografía, en general, es la búsqueda de confesión y de proclama de los valores propios. Desde esta instancia, el testigo, desde su presente, da cuenta, bajo la lupa del tiempo, de su pasado, valorando lo anterior, en este caso su infancia y adolescencia, en medio de un contexto específico, y se sitúa en un ahora a medida que va reuniendo aquello que lo ha hecho ser. Importa fundamentalmente en esta práctica el cómo se ha llegado a ser lo que se es, y su trascendencia radica, según intentaré mostrar, por un lado, en la riqueza prosística de Novo, y por otro, en aquello que hace que el individuo emerja con el ejercicio de escritura por el que “intenta materializar la experiencia fundamental de su vida, la homosexualidad […] una irreductible urgencia por inscribir lo ferozmente oculto, lo innombrable” [8].

No es algo nuevo afirmar que el centro motor de Estatua de sal es confesar su homosexualidad. Sin embargo, va más allá. Persigue la exhibición de ésta. Novo es un observador fiel a sí mismo. Un egoísmo muy conciente mueve los cauces por los que el autor puede encaminar su escritura; en este sentido, las características que le atribuimos a la manifestación particular[9] de este personaje, parte de la literatura mexicana, cobra una significación de detenimiento e indagación. Profundiza en los temas desde el momento de nombrarlos. En su tiempo, significa correr el riesgo de romper la lógica reinante; aquélla que piensa que por esconder las cosas no existen. Lo latente está por emerger, Novo será artífice de la provocación de esto. Tenemos ante nuestros ojos a un mostrador con una táctica que encuentra sentido del humor en lo extraño, en lo extravagante y que es seña de identidad de lo propio:

En los años veinte y treinta, los integrantes de la tendencia cultural o grupo que toma su nombre de la revista Contemporáneos (Novo, Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Jorge Cuesta, Bernardo Ortiz de Montellano, Gilberto Owen, José Gorostiza, Enrique González Rojo) son en última instancia marginales […] porque constituyen un círculo con amplitud de criterio en materia de comportamientos.[10]

A Novo no le basta evidenciar. Para él siempre hay que ir más allá, llevar consigo la fanfarronería. No sólo busca la sorpresiva aparición de algo, busca que el provocado acepte lo que se mantenía oculto, a la manera de Jean Jacques Rosseau, en sus memorias: quiere su lugar como individuo, que los valores propios tengan vigencia; persigue sin descanso la agresión, la imposición. No sería descabellado pensar en el arribo de lo que en otro espacio se ha negado. La existencia y el conocimiento de la individualidad no basta: hay que transgredir y situarse: el individuo busca su lugar inevitablemente. Así, la trasgresión de Novo en su autobiografía secreta puede centrase sin reservas en la declaratoria ya comentada; o bien, puede ser que tomemos en cuenta su esfuerzo por salir a la luz y hacer normal la “defectuosa pronunciación de la r”.[11] Es decir, el esfuerzo de situarse como individuo en un espacio en el que se debe interactuar. No encajar propiamente, sino pagar el derecho a la existencia.

El tiempo en el que aparece Novo es uno en el que se asiste a la caída de figuras y nociones emblemáticas. Ha caído la dictadura., lo inamovible, por qué no han de caer en el ámbito literario, por ejemplo, los acartonados versos rimados y la novela naturalista. En otros rubros la sociedad cerrada y punitiva. El atrevimiento comandado por escritores descarados como Novo hace que la coraza moral se torne frágil y se relativice. Las filtraciones y cuarteaduras debidas a los numerosos sacrilegios logran ir normalizándose. El miedo al qué dirán y la represión íntima pasan a ser muy pronto cosa del siglo antepasado. Las nociones semi-feudales de la decencia se pulverizan en una década, y sólo queda la provincia que se atreve a defenderlas y guarecerlas. Y aunque persistirían las pretensiones de decencia en general, el pacto social no resulta inamovible, por el contrario, el prejuicio se va mudando conforme la dinámica de lo distinto cobra cierta soberanía a partir de la lógica de la prohibición: “en el momento que se señalan los límites, se abre el espacio para la trasgresión”. [12]

III

El autobiógrafo Novo, nota de sí mismo: “Yo me reducía a contemplarlos. Me echaba en la tierra caliente, bajo el sol que declinaba, en los preludios del invierno, y gustaba de la inédita dulzura del compañerismo tranquilo y sencillo de aquellos muchachos sin malicia”[13]. El escritor, dirá en aquella biografía Los Goytisolo, Miguel Dalmau, “es un observador empedernido de la realidad”[14]. Este detenimiento que hace fluir la memoria gradualmente, incluye en la escena, ya como actor de su propia experiencia, al Novo adolescente y, junto a éste al lector para asistir, por ejemplo, al “furtivo instante en que Jorge me llamó al camerino […] y sujetando mi cabeza entre sus manos, oprimió sus labios húmedos contra los míos”.[15]El hilo de lo contado transfiere el papel del lector a uno de creyente por utilizar uno de los objetivos más secretos perseguidos de las biografías: construir la imagen que se quiere tener o exponer, hacer un héroe; y quien la conoce se convierte en fanático. Se tiene así, un monumento. Que en este caso en particular defiende un disidente cabalmente escandaloso que decide mostrarse tal cual es. Hacer de un consejo literario un programa de edificación de la personalidad. Novo advirtió muy temprano que su mejor personaje sería él mismo.

Indagar por los campos de la memoria y atraer recuerdos por el filtro de la mirada propia para fundar el orden de los pasajes dotados de una naturalidad insospechada para dichas escenas. Lo inevitable, y motivo de juicio para algunos, se resume a la normalidad desde la perspectiva de Estatua de sal. Novo, notable, decanta en la prosa de su autobiografía secreta una mirada al pasado que es bellísima, como si viera por primera vez las escenas que desea ver toda la vida. Su inclinación a la poesía puede justificar la manera de cristalizar verbalmente la realidad sensible, diría Octavio Paz, siempre una fuente de sorpresas.

Voyeurista y estratega de la imagen, Novo se hace fama de provocador. “Para la sociedad, Novo y sus amigos resultan monstruosos”[16], siguiendo a Luis Vicente de Aguinaga,

si etimológicamente, el sustantivo deriva del verbo latino monstrare, que significa mostrar con el dedo. Monstruo es aquel a quien se designa para el escarnio, para la vindicta pública; aquel a quien se exhibe como prodigio. Esta categoría de marginado es, por lo tanto, en gran medida extensible. Coexisten en ella, generalmente, seres fabulosos, malformados o simples extranjeros[17].

El monstruo es un ser designado, señalado, puesto en evidencia. Novo encuentra una táctica desde donde ser el señalado: el sentido del humor, el vituperio de sí, la ironía. Logra el autor, hacerse sentir, “circunstancializarse”, mostrarse como individuo. Adelanta lo que José Agustín Goytisolo en Salmos al viento[18]con el poema El señalado dibuja: Solo entre el odio/entre la palpitante y masculina hostilidad […] El señalado está y no está con todos […] Su corazón no conoce derrota […] El señalado sabe que el futuro es su imperio. Esta esperanza con aire de elegía dinamiza la supervivencia del aislado y sitúa de lleno a Novo y a otros más como Cernuda, García Lorca, Pellicer y Villaurrutia en medio de un aire melancólico, supervivientes de la llamada épica del incumplimiento.

La autobiografía juvenil de Salvador Novo es una muestra más de uno de los asuntos determinantes para los coetáneos de éste: la invitación al viaje. En el texto por ejemplo, encontramos a un Novo siempre en movimiento. En el ámbito literario, Novo, como menciona Sheridan, prefiere la parábola del hijo pródigo para describir su itinerario:

Son los años en que Gide y Cocteau preconizan de nuevo l´invitaion au voyage baudelairiana. El viaje hacia uno mismo en el que […] se corre el riesgo de encontrarse: el viaje que algo tiene de curiosidad, pero también de huída: aquella en la que se prefiere llegar al drama interno, mucho más valioso que el drama de las circunstancias.[19]

La táctica del propio ideal literario responde ante el señalamiento con la actitud de practicar abiertamente lo que las leyes y costumbres reprueban, infringir normas de recato y prudencia, admitir con impavidez el escarnio y los alfiretazos de la murmuración; el descaro en suma, consolida la fama del mostrado. El desdén y el rechazo de la simpatía o admiración ajenas, muestran al Novo, espectador del show urbano, escéptico. Es la estatua estoica la que afronta el mundo. Hay un paso gradual en el que el personaje propone el cinismo como estrategia protectora; el ultraje de sí en el que se describe el drama personal y este autoescarnio, comenta Monsiváis, “es la distancia prudente que alivia las vejaciones en su contra”[20]. Enviado al sórdido Ghetto, el habitante de éste no tiene nada que perder, situación que lo incluye en prácticas tan irónicas como balsámicas o de resguardo: “Lo que me digan, ya me lo dije, pero con elegancia, la ironía y la malicia que ustedes desconocen”[21]. Emerge entonces, desde el ejercicio de escritura, la imagen de sí: la estatua que es la ideal, la propia.

Junto a las virtudes inmanentes del relato y de su reto técnico, solvente, por lo que toca a Novo ante la poética grupal, la de los contemporáneos, se enfrenta y practica no la objetividad pretendida al describir una anécdota, sino que atiende “el ejercicio subjetivo que permite al autor crearse a sí mismo en el relato; la práctica de un estilo en el que el valor autónomo del tiempo que sirve a un propósito global permite al autor ser él mismo su propia escritura”.[22] Irónica labor finalmente, pues no habrá quien testifique por el testigo más que él mismo.

La estatua de sal, escritura de madurez, se finca sobre uno de los pilares de la modernidad, la posibilidad de ser original y funda, con franqueza la posibilidad de ser. Entrega, conforme se avanza en la lectura, los secretos y las impresiones casi plásticas de los recuerdos engañosos del autor; encuentra en la palabra la manera de darle voz a aquellos a quien nadie considera dignos de la palabra. De “irresistible lectura, es el mensaje de Salvador Novo a Salvador Novo: si lo que viviste fue inevitable y gozoso, no tienes de qué arrepentirte […] no es (sólo) una provocación sino ejercicio, a través de la escritura […] de un valioso testimonio del cambio de costumbres y del ser excepcional que aceleró los cambios sociales”.[23] En descargo de la práctica íntima, la emergencia de sí mismo en objeto sensible. Ser despojo e informe, monumento en el que no importará finalmente el juicio o la opinión mientras logre haberse hecho notar, logre ser examinado. Esta seducción se convierte en una estrategia: ya sea siendo enigmático, marginal, provocativo, quimérico, protagonista, busca su reconocimiento, busca ser puesto en el altar, busca el convenio fáustico: colocarse con un marco en la pared y ser considerado El Retrato de Dorian Gray. En pocas palabras, armar el escándalo como la estatua, ya sea para capturar el deleite y la constante seducción, ya sea para estremecer y hacerse de cómplices, o simplemente para que las palomas tengan un lugar seguro donde estar.

Bibliografía.

Dalmau, Miguel. Los Goytisolo. Anagrama, España, 1997.

De Aguinaga, Luis Vicente. Rumor de la ciudad al hundirse. U de G, México, 2003.

Foucault, Michel. La vida de los hombres infames. Altamira, Argentina.

Goytisolo, José Agustín. Salmos al viento. Editorial Lumen, España, 1980.

Novo Salvador. Estatua de sal. CONACULTA, México, 1996.

_____. Return Ticket. CONACULTA, México, 1996.

Pellicer, Carlos. La vida en llamas. Asociación Nacional del libro, México, 1996.

Sheridan, Guillermo. Los Contemporáneos ayer. FCE, México, 1985.



[1] Carlos Pellicer, La vida en llamas. pp. 13

[2] Salvador Novo, Return Ticket. pp. 37

[3] Carlos Pellicer, Op. Cit. pp. 13

[4] Cfr. Guillermo Sheridan, Los Contemporáneos, ayer, pp.213.

[5] Ibid. pp. 243.

[6] Junto a Estatua de sal se publican Tiempo de arena de Jaime Torres Bodet, A la orilla de este río y Soberana juventud de Manuel Maples Arce.

[7]Salvador Novo, Estatua de sal. 18.

[8] Ibid, pp.11.

[9] Primero por ser un texto escrito para publicarse no en el momento en el que se escribe, por diversas razones; una de éstas es el momento histórico que le dota de peculiaridad.

[10] Ibid, pp. 22

[11] Cfr. Esta información en Op cit. 45.

[12] Michel Focault, La vida de los hombres infames. pp. 39

[13] Salvador Novo, Op cit. pp. 65.

[14] Miguel Dalmau, Los Goytisolo, pp. 159.

[15] Ibidem.

[16] Ibid., pp.27.

[17] Luis Vicente de Aguinaga, Rumor de la ciudad al hundirse, pp. 285.

[18] José Agustín Goytisolo, Salmos al viento, pp. 41.

[19] Guillermo Sheridan, Op. Cit. pp. 222.

[20] Salvador Novo Op. Cit. pp. 29

[21] Ibidem.

[22] Guillermo Sheridan, Op. Cit., pp. 250.

[23] Salvador Novo, Op. Cit., pp. 41.

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Mínimas de mi estancia docente:

  1. No me inquieta dar clases ni de latín ni de griego; mucho menos me cuesta tanto impartirlas los sábados muy temprano. De algo tengo que vivir. Además, ensañando latín es una forma divertida de ver el amanecer; me aterra, me hace sudar y me irrita mucho tener que preocuparme por el checador del Instituto éste al que asisto. Me pone de malas tener que pasar como imbécil frente a la encargada de la máquina encargada de checar, cual esclavos burócratas del IMSS, quien asume que, por ser un profesor el que tiene problemas con el dichoso registro de asistencia, no hay problema. Es decir, si el problema no es general, no es problema. Esta sí que es chingona: vive bajo la ley del ocultamiento. Me tuve que portar firme, me lo mandaba mi horóscopo el sábado. Debí evidenciar que aunque fuera uno solo, y además yo el del problema, seguía siendo un problema. No sé si no tengo huellas digitales, si estoy retrasado mental o qué, pero "principium dies terroris mihi "checador de huella digital" est, semper semperumque.
  2. Dedicar mi noche del lunes, en lugar de ver programas culturales como "Entrelíneas" o mi serie favorita en sony "What about Ryan", a revisar exámenes de preparatoria.
  3. No poderme quedar libremente en Cuévano (Guanajuato) y disfrutar de sus noches enfiestadas, tan sólo por el hecho de eso: De que las noches en Guanajuato, con su airecito de aquelarre, sugieren echar por la borda las clases de preparatoria que me dan para pagar mis deudas con mi madre y dedicarme a ver gente, a beber una que otra cerveza y a platicar con cuanto mugroso, hippie, intelectual y camarada se acerque por ahí.
  4. Tener que soportar la crucificción de parte de pubertos insolentes muy parecidos a mí cuando yo fui uno de ellos. Algún día tenía que pagar. Lo acepto.
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Presentaciones.

Vamos a ver al Solisón.

Mañana: la historia de cómo leí poemas de Álvaro Solís.

Hoy, por la tarde, en el auditorio Euquerio Guerrero. Allá, en un Guanajuato enfiestado.

Además, óigalo el mundo, Anuar presenta. así que eso pinta para una noche de meteoros.

Paz al mundo y larga vida a la poesía de los hombres solos.
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Sí y qué.

No soy nada.
No espero ser nada.
Después de eso,
tengo todos los sueños del mundo.

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Paradojas.

Estoy contrariado. Qué debo hacer para merecer, para ser tomado en cuenta? Acaso debo desalojarme de mí mismo y entonces mutar, qué sé yo, en un recogedor de boronas, en un tipo que vaya por la vida con cara de miserable para que entonces me considere La camarilla como un necesitado. Luego, Qué ha de hacer un tipo como yo, considerado altanero e indeseable, para ser tomado en cuenta como algo más allá que un cabillo en el culo eh? Además, Cómo es posible que no me entere de competencias entabladas por tipos que ni siquiera puedo considerarlos como tal. Es decir, no en un plano inferior o superior, sino simplemente hasta oblicuo o paralelo.

Tengo muchas telarañas en la cabeza, un encabronamiento del carajo, y a pesar de haber pasado una trinidad de días deliciosa, tengo la sensación de que hay injusticia. Cuántos madrazos he de recibir en la vida para poder ser considerado como marginal y entonces ser sacado de la caca?

Creo que las cosas que tengo que decir, las diré de frente. Esto sólo hace las veces de automatismo. Siento que esto es lo que hace falta: que se confronte y no se saque la mirada del fuego de una discusión. Aunque, por ejemplo, no sé si alguien que considera su círculo social a tipos siete u ocho años menores que ella y que va por ahí como reina del mambo, puede confrontar, pueda defender, pueda decir las cosas de frente, y no sólo tirarlas a la ligera, como no queriendo, para chingar, y medrar y ser lo que está destinada a ser: un esperpento cutre que da pena. Lo sé, estoy frustrado. En realidad, aún es indignación. Esperemos unos años, entonces sí será una ante lada frustración. Hoy no, hoy se me permite la insolencia.

Han sido muy injustos con quienes les han dado abiertamente el corazón. Pienso en Alain Summers, por ejemplo, que nos abrió, a muchos, las puertas a la literatura, a los congresos y a demás aventuras iniciáticas, y que ahora sufre la muerte intelectual por no gozar, por ejemplo, de fama de necesitado. Quizá tenga algo de culpa, pero viendo lo visto, también merece. Ha sido olvidado hasta por mí. Lo que le debo intentaré pagárselo en el camino de la vida. Pero claro que me enerva que otro tenga lo que él se merece. Por supuesto que pongo el grito en el cielo. Seguro quedará claro que lo digo porque no me ha tocado a mí la buena suerte de que el dinero para irme a hacer un puto posgrado o una estancia en Frankfurt o a Madrid o a Colombia. Al contrario, a Alain Summers y a mí, nos toca pura madre: Seguir en los campos minados de la docencia, allá donde se camina con la piedra pegada al talón, llevándola de un lado a otro sin cesar. No lo sé, creo que en estas ocasiones uno debería callar, hacer esta oración subjuntiva más irreal de lo que normalmente es el modo verbal. Pero como dice Vallejo:

Hay golpes en la vida
qué sé yo
como de la ira de Dios.


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Colectivo Plataforma.


El pretexto fue Neruda. Leímos alalimón un texto de Lilia Solórzano, reconocida escritora cuevanense, y varios poemas del autor que combinaran como agua al rocío con lo que la noche exigía. La sala estaba repleta, y el público sorpresivamente hizo un silencio sepulcral. Palizada recitaba, casi murmurando, el poema XX:


"Puedo escribir los versos más tristes esta noche
Escribir por ejemplo: "la noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos
La besé tantas veces bajo el cielo infinito."

[...]

A los dos flancos del escenario repleto, iluminado teatralmente, los ventanales sugerían una noche rebosante: cielo aborregado, la luna defendiéndose frente a la rosácea caída del día, y entonces, la voz que madura del poeta Sabines, como en otro tiempo, como aquí mismo persiguió las letras de Walking around: Sucede que me canso de ser hombre..."



Sin duda, una increíble, por inesperada y por excepcional atmósfera. Un espacio atemporal que no cesó de provocarme risueños gestos, una sensación entre llorar y reir; creí querer llorar cuando leía las agudas letras que había escrito lilia: "el poeta de canto hondo y profundo pidió silencio y vivió para siempre un 23 de septiembre de 1973:


"Pido silencio
Ahora me dejen tranquilo
Ahora se acostumbren sin mí
yo voy a cerrar los ojos
y sólo quiero cinco cosas
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño,
No puedo ser sin que las hojas
Vuelen y vuelvan a la tierra.
Lo tercero es el grave invierno
la lluvia que amé,
la caricia en el fuego del frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
Redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos
Matilde mía, bien amada,
No quiero vivir sin tus ojos
no quiero ser sin que me mires.
Yo cambio la primavera
Porque tú me sigas mirando.

Amigos eso es cuanto quiero
Es casi nada y casi todo.
Ahora si quieren se vayan

He vivido tanto que un día tendrán que olvidarme por fuerza
borrándome de la pizarra.
Mi corazón fue interminable

Pero por qué pido silencio,
No crean que voy a morirme.
Me pasa todo lo contrario:
Scede que voy a vivir
sucede que soy y que sigo siendo;
No será pues, sino que adentro de mí
crecerán ceréales.

Primero los granos que rompen la tierra para ver la luz,
Pero la madre tierra es oscura
y dentro de mí soy oscuro
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y viaja sola por el campo.

Se trata de que he vivido y quiero vivir otro tanto
Nunca me sentí tan sonoro
Nunca he tenido tantos besos
Ahora, como siempre, es temprano
Vuela la luz con sus abejas
Dejénme solo con el día
Pido permiso para nacer.

Pido me dejen en paz."

Supe que lo que quería era levantar la cabeza y asirlo todo con la mirada, lo imgainado y lo que veía inevitablemente. La actividad de lectura en solitario era ahí: en una convención diversa, entre alumnos de preparatoria, amas de casa, señoras copetonas y un niño poeta que recita de memoria a amado Nervo a sus ocho o nueve años.
Y el público cautivo no hizo mella en lo lúdico de la tarde. No obstante haber convocado con la exhibición inquisitiva de profesores de literatura a alumnos, Neftalí Ricardo Reyes se escuchó hondo. Fue inevitable sentirse en otra sintonía. Finalmente, la poesía se leyó en voz alta, en otra voz, en la voz del hombre. Es verdad que los nombres venden y que era seguro el hit. Es decir, hablar de Neruda equivale a lugar común, pero aquí, en Irapuato, algo es algo.

Y así, el colectivo Plataforma cerró su segundo ciclo de eventos para la promoción cultural, haciéndole, por supuesto, el trabajo a los administrativos burocráticos que reciben su salario cada quincena por no hacerlo.

Las fotos, luego. Pero de que las hay, las hay.
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