Vueltas al buen Cortázar.

"Ah dejame entrar, dejame ver un día como ven tus ojos" (133, del Cap. 21)

Cuando leí Rayuela apestaba a otra cosa. Cuando leí vorazmente la novela, ya hace años, la leí sin lecturas detrás, sin jazz detrás, sin nada. Ni haber leído la tesis-novela sobre la novela de AP Me dijo mucho. Y debo pedir disculpas a la literatura, al autor. Hoy reconozco que Rayuela es más que el 7 o el 73 o el 68, es una pinche bomba que me tiene en vilo, otra vez. Leo esto y me quedan pocos tiros para intentar darme. Y me había estremecido este verano con Bolaño, o todo el año pues; y le había entregado semanas a Huidobro; pensé que ya no había más. Ahora, los ríos metafísicos se pueden recubrir de realidad, sí, ahora mismo. Pinche Cortázar.

"La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro" (137, del Cap. 22)
Read more

Darío en el día de los ancianos.

G había platicado sobre una doñita que declamaba a Amado Nervo en el metro. Acá en provincia no hay metro, pero las declamaciones heroicas de doñitas son posibles. Recordé mis clases de literatura de prepa. Recordé cuando "Si tú me dices ven" de Nervo era recitado con clamor por mi profe octogenario. Recordé que el poema XX, ya no tan joven, también era declamado con voz gangosa por otro de mis profesores.
En una noche de poesía, cursilona si quieren, de aficionados si quieren, un par de señoras hicieron una faena, permítaseme el término, una súper clase de cómo impostar la voz, de cómo leer sonetos, de cómo mostrar el parangón y los refilones y los concluyentes últimos alejandrinos de una poesía a la juventud. Han dado clases y con tal pasión que no he podido obviarlo. Por su parte la Viuda de no sé quién, que se declara miembro de una cofradía internacional de escritoras, recitó tres sonetos. De rimas gastadas, de adjetivos comunes, pero de tal trabajo, que reconozco que tanto ésta como la siguiente poeta que reseño acontinuación, renovaron sin saberlo, pues para ellas nunca ha sido necesario, los ya casi desaparecidos declamadores en atril. Así es, la noche concluyó bajo la mano de otra señora. Ella había anticipado que recitaría dos poemas. Uno de su autoría, una oda más a Irapuato, y otro, en conmemoración al día del anciano. En el primero ya se sabe que se dicen falacias sobre la ciudad. Pero he encontrado un placer enorme en la siguiente componenda en la que afirma que, Irapuato, "como Venecia, a San Marcos ha sido consagrada/ a San Marcos Irapuato, como patrono tiene,/ si así ha sido, Irapuato, Venecia eres". Y como colofón de maestría y aire decimonónico, se comenzó a escuchar y de memoria y con una profundidad de quien sabe de lo que habla: "Juventud, divino tesoro, te vas para no volver,/ cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer. la voz a veces se quebrantaba, por desgaste o por saber, que efectivamente había pelo cano, un largo pasado y una "Juventud, Divino tesoro, te fuiste para no volver".
Read more

Sábados.

De dónde carajos viene esta tristeza árida que me moja los carrillos.

De dónde, tristeza, te apareces en mi vientre y en mi paladar,

Vienes:

bofetada que me sorraja el espejo.

Vienes:

Rasgueo de acero,

laceras el pecho que ha quedado descubierto,

corto nudo eterno entre las sienes.

Estoy, como dicta mi diario, más triste que la mesera de aquel café.

Read more

---.---

Llueve. No puedo andar en bicicleta.
Read more

Extravío.




Read more

Noticias de ocasión.

Leí algo sobre lo que opina la maestra Elba Esther Gordillo acerca de las Normales, y en general, de los pocos puestos de trabajo que quedan para maestros. Sugiere que haya, en todo caso, sitios que preparen técnicos en no sé qué. No pude evitar sonreírme un poco porque es claro que ni para técnicos ni para maestros ni para nadie parece haber trabajo o futuro en este país. Veo con tristeza, en general, que la república se desmorona. Así que lo demás, esto de que no hay trabajos, o que hay violencia, o que el kilo de tortilla a doce varos, o el litro de aceite que sube dos veces su valor de hace un mes, o que los cigarrillos deben costar más caros porque así no matarán a más gente, o que los deportistas mexicanos sólo pudieron sacar una medalla de oo en Pekín, frente a el desgajamiento habitual y constante de México, carece de relevancia. Sí, que miles de maestros no tienen trabajo me tiene sin cuidado, también miles de médicos y contadores y jornaleros y choferes y obreros, todos están sin trabajo. Así que si Elba Esther Gordillo dice que hay que cerrar las Normales, pues va, no pasa nada.
Read more

En el limbo: Nec spes Nec Temor.


L en la Alhóndiga. L Toma el sol y se siente pleno, crudo y no ha dormido pero se siente sin pedos. Hasta es capaz de regocijarse de la nada, algo bastante gracioso, muy gracioso. Todo fue tremendamente raro, como nebuloso. L desconfía de ese gesto risueño y de esta mano zurda con la que escribe su destino y lo que ha vivido. L sabe, siempre lo ha sabido, que el alud se acerca. Ya, ya llegará el madrazo, y todo, como siempre, se caerá a pedazos.
***
"vivo en un sueño que se hace pedazos [...] hay épocas en que uno se siente que se ha caído a pedazos y a la vez se ve a sí mismo en mitad de la carretera estudiando las piezas sueltas, preguntándose si será capaz de insertarlas otra vez y qué especie de artefacto saldrá [...] el mundo me parece una trampa".
(Juan Marsé, El amante Bilingüe)
Read more

Escenas.

Terminé echándome en la cama de J junto a P para dormir una media hora más. La otra hora que había cerrado los ojos lo había hecho en uno de los sillones roídos de la guarida. Había pasado toda la noche de bar en bar. Había pasado la noche pensando en mi hermano menor y en lo que es para muchos de sus amigos, admiradores, fans, compañeros de casa, maestros, para mí mismo. Era la primera noche de universitarios y aquéllo era una fiesta salvaje. Yo desentonaba. Estaba fuera de ritmo y me fui de lado. Nos habíamos encontrado a la hora del lobo en la cuna del son, ahí donde se canta y se baila. Á llevaba la fiesta y las llaves de la casa, yo habitaba más cómodamente los Lobos junto a los oldies melodies. Cuando llegamos juntos a casa, T se había tomado la libertad de, al punto beodo, atrancar la puerta del cuarto donde tenía la mochila, en el cuarto donde sobraba una cama para mí, en el cuarto donde podía echarme un baño para ir a clases al día siguiente. Intenté abrirla a las cuatro de la mañana. No pude. Intenté tirarla a las cinco. No pude. Intenté despertar a T a las siete. Nunca respondió. Decidí ir a tirarme a la cama de J junto a P mientras la noche, la noche para todos pasaba.
Desperté después de las ocho. A, como zorrero especialista abrió por fin la maldita puerta. Me alisté lo más pronto que pude. Una alumna me envió un mensaje preguntando por mi presencia en el salón. Conseguí el número del sitio donde daba clases y llamé. Fabriqué una verosímil mentira que yo mismo me creí. Amañé la historia y fui fabricando un escenario hipotético como éste:
No negué que me había ido de parranda. Sólo dije que la puerta que no pude abrir era la del edificio donde vivía. No había gente y no había podido encontrar quién abriera. Por suerte alguien llegó cerca de las nueve de la mañana y abrió milagrosamente. Si no, no sé cuándo hubiera podido comunicarme, pues además de no poder salir, no podía llamar, a ratos por la falta de señal, cosa común en Cuévano, y a ratos, por la falta de saldo para marcar largas distancias.
Salí trémulo de casa. Compré algo para hidratarme, algo para las agruras y más píldoras para el dolor de cabeza que se avecinaba. Sólo permanecí sentado un largo rato, como pensándome la vida, tan extrañamente, tan extranjero, tan como no estar ahí. Me sonreía porque me saboreaba el verano que había sido rarísimo. Seguía tiritando de crudo. También sentía desorbitados los ojos y, sí, me sentía frágil, enconchado. Permanecí ahí y no me moví. Me descubrí fascinado por las mañanas en Guanajuato, por el aire cuevanense y urbanón de este sitio. Estaba en una esquina y pensaba en Guanajuato como una gorda en tacones intentando caminar calle arriba rumbo al trabajo entre los callejones.
Pude ver pasar varios urbanos. Pude ver pasar a varios personajes. Pude verme pasar y me fugué hacia el lado de allá en el que no tengo nada. Creo que ahí imaginé que me daba miedo ser feliz.
Read more

Este es el poema del fracaso: el poema para mí.

"Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata."
[...]
"Amo la noche, sombrero de todos los días."
[...]
"Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo."
[...]
"Sé triste tal cual las gacelas ante el infinito y los meteoros, tal cual los desiertos sin mirajes."
[...]
"Sé triste, pues ella te espera en un rincón de este año que pasa."
[...]
"Sé triste, más triste que la rosa, la bella jaula de nuestras miradas y de las abejas sin experiencia."
[...]
"La vida es un viaje en paracaidas y no lo que tú quieres creer."
[...]
"Hemos saltado del vientre de nuestra madre o del borde de una estrella y vamos cayendo"
[...]
"Hombre, he ahí tu paracaídas maravilloso como el vértigo.
Poeta, he ahí tu paracaídas como el imán del abismo."
(Del prefacio de Altazor, Vicente Huidobro)
Read more

Más de Owen.

Invernal

Fue mi primera derrota, yo no sabía que el mundo
y que la vida ponen en peligro abismal,
un precipicio, a cada paso del errabundo.

Soñador, que se guía por el fanal
de su ilusión; que marcha, ávido sitibundo
de idealidad, sobre el abismo de lo real.
Read more

Día Primero

Esta mañana te descubro con el rostro tan desnudo que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y de los dientes
[...]
tierra que me acogió de noche náufrago
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta

(de Sinbad el varado, Gilberto Owen)
Read more

Fotos, Fotos, Fotos.







Read more

Reminiscencias (fragmento)

* * *
L ha decidido aplastarse en un banco, lejos de la gente. Se ha acercado sin embargo al ruido. Los obreros taladran y cavan, suben botes llenos de mezcla por cuerdas y poleas. Atina a sospechar que son los últimos momentos de la jornada para ellos, el trabajo debe estar por concluir. Está situado en un sitio muy urbano. También, a pesar de ello, hay jardines grandes y muy cuidados que, puesto que cae la tarde, arrojan cierto olor a grama que L disfruta aspirando muy profundo, como si fuera su última respiración. Lee a López Velarde desde hace días. Está cerca del sitio donde habitó noches y días, pesadillas y comidas malas durante unos años. Por estos prados L corrió furioso tras un balón o como toro en lidia por tocar el lado de afuera una vez al día, aspirar el aire citadino era una labor milimétrica por aquellos días de encierro. Esto es lo que hay. L ahora se percata de que en su diario ha comenzado a escribir lo que le sucedió hace más de dos lustros. L reconoce en esto que nunca antes lo había hecho. Su diario parece convertirse más en la reconstrucción de su pasado que en el parte médico acostumbrado de memoria a corto plazo. Es extraño, pero es natural, a L lo persigue su destino, un extraño avatar del que no se libra fácilmente. Puede verse la mirada de L perdida en el horizonte, tal cual, pues está sentado en esa dirección y se le puede notar entre el gestillo velardiano un estribillo de algún poema de los tantos que le causan sensaciones y le emocionan y lo conmueven y le recuerdan tantas cosas y que lo obligan más que invitarlo a escupir tanta mierda guardada por principios idiotas que sólo le reprimen y justifican la frustración. Esto es lo que hay. López Velarde en edición UNAM con prólogo, un gesto burlón casi confianzudo, lectura pausada y la acción vaporosa de fumar tímidamente, como escondiéndose de su pasado que lo castra; ese pasado que le castiga aún el cigarrillo, que lo orilla todavía, por si alguien vigila, a darle caladas al cigarrillo en salto de mata iluso.
Esto es lo que hay. Las siete de la tarde que aún no cae por cuestiones gubernamentales. Silla metálica. Mesa frágil, la vida misma. L extrañado. Caminante, peregrino: Avenida larga, jardín inmenso, Calles transversales, olor a tenería, a comida extranjera; seis ríos de gente; sol a plomo, aridez y ardor en las plantas de los pies; un voceador y siete mil autos; una curva y entonces zapatos y vitrinas, afiches y chamarras, taxis y viajeros. Esto es lo que hay. Una espera inconsciente a que llegue algo, dosificar el trayecto y hacerlo como un viejo, las gafas que contienen el espíritu y los ojos cansados de leer la vida. Esto es lo que hay.

Era el segundo año de la irracional decisión del internado. La inocencia era casi ofensiva. Si bien había tenido una educación básica movida, allá, compartiendo con más de cuarenta un mismo dormitorio me había amansado. Ya habían pasado los primeros meses en los que añoraba no sé qué de afuera. Había encontrado la manera de sobrevivir. Aún no distinguía lo malo de la comida y lo catastrófico de consumir leche dos veces al día todos los días de aquellos beligerantes años de capilla, aula y canchas; dormitorios compartidos, duchas frías y colectivas; aseos matinales, cantos juveniles y, allá afuera, una ciudad que nos envolvía. Aún no distinguía lo bien que me venía la libertad. Aún no sabía cuánto me desbordaba ahí. Aún no sabía algo fuera de la inocencia. Todo era, como era evidente, una tierna imagen de la ingenuidad adolescente y caminatas furtivas alrededor de un mismo sitio: las canchas del jardín llamado, muy ad hoc, de “Getzemaní”.
Era el jueves santo del 1998. No es fácil recordarlo. Caminamos rumbo a la docena de iglesias del centro. Playeras con cristos a la espalda y rezos aprendidos a tesón. M apareció. Era una niña de camiseta azul. Pasaría la semana entera detrás de los vitrales de la capilla a la que yo asistía por lo menos cuatro ocasiones cada jornada. Ella estaría en el corredor contiguo del número 317 de la calle Mérida, donde ahora que atino a recordarlo, y a la distancia, viví la más profunda y eterna herida de amor casi infantil. Estamos condenados a ser benévolos con el pasado. Somos, a pesar de no quererlo, oficialistas con cualquiera de las historias. No soy la excepción, y en ese nudo de recuerdos sobresale uno delicadamente feliz, el de M cantando cual seráfica ausente. Pienso entonces en un pasado de edad feliz donde aunque sea por un triunfo siento que hay un guerra ganada, como poco me sucede ahora, como me resulta imposible concebirlo ahora. Es iluso decirlo, pero siento también que es verdaderamente genuino este sentimiento triunfalista, casi de desiderata. Los recordatorios y las apariciones de jueves santo y todas esas cosas que se le vienen a uno casi hasta cortar la respiración, se convierten en esos momentos de delicioso tormento, de deseo postergado. Era el jueves santo de 1998, aquella era un primavera, no un verano. Es hasta ahora, mi más misterioso sentimiento de deseo, de querencia, tan entrañable, que sólo puedo explicarlo a base de metonimias de poema ingenuo y torpe, escrito siete años después, recordándolo cuando recién se cumple la decena y un año más, cuando ha muerto mi maestro de latín, cuando yo mismo he pensado en el suicidio y he olvidado nombres y rezos. Es un pasado que bien se puede consumir en una taza de café eterna, que bien se puede repetir en todas mis mañanas de ventanal; es la optimista pintura que me muestra el faro en el naufragio de mi vida actual. Era el jueves santo de 1998.

***

Sería ilógico -nada raro después de todo- no notarlo. Sólo que esta ocasión está subrayado con color intenso. La escaramuza no es para menos. L no es una piedra. Es esto y no otra cosa: un tipo sensible. Se supo escandalizado de felicidad, sorpresivamente pudo distinguir que era eso, y notó que esta ocasión ese saco le venía bien. Parece que haber adelgazado los momentos de este tipo hacían que éste precisamente, le viniera más que perfecto; escandalosamente bien. Se mostró incrédulo dos segundos, pero no titubeó o por lo menos no se detuvo a dudar. Sonrío con esa sonrisa que la psicóloga le había mandado con imperativa repetición y abordó el auto. Maricela detrás de las bocinas, blusa blanca y un aroma inolvidable. Es esto y no otra cosa: L estaba sorprendido y feliz. Después de un café largo, muchas horas y mil miradas, L contempló casi divertido todo su pasado. Supo que todo tenía un hálito de inocencia y de ternura y de silencios. Ahora L sabe que le necesita. Que sus brazos son el continente para esa silueta. Ahora L sabe que siempre existió ese sentimiento y que se mantiene ahí, latente. Ahora L, más que nunca, sabe que le quiere por risueña y la quiere sentir dormida al lado, o al lado tras el volante o sorbiendo de la taza de café. Ahora L siente que la canción se acaba, que debe abordar el autobús de regreso, que debe volver a su vida trazada. Ahora L se da cuenta que esto es lo que hay. L sabe, por esta y muchas experiencias más, que es desde la pérdida desde donde escribe.
Read more

Viernes.

No hace falta decirlo, todo de la mierda.
Read more

AQUÍ IBA UNA FOTO DE LA VISITA CUEVANENSE. PERO BLOGSPOT SE PONE NENA POR LAS TARDES.


Read more

Promoción cultural.


El vértigo de las últimas semanas no me ha dejado escribir respecto de la visita de Vicente Alfonso y Mijail Lamas a Cuévano. La locura de escribir en el diario y dar seis horas de clase cada día de la semana y leer tesis en cantinas y las visitas eternas a los “Lobos” y al “Ocho” y al “Aquí me Quedo” o patearme la ciudad como si en ello se me fuera la vida, no me habían permitido narrar; además de una agrafia irremediable que padezco. Evado y hasta renuncio a contar. Sufro frente a la página en blanco. Simplemente no logro transportar a palabras el centenar de imágenes que quedaron de la presentación de Partitura para Mujer Muerta y Contraverano.

No hay tanto que contar. Simplemente que fue lindo. Que en la mesa de ponentes, Mijail y Vicente hicieron lo suyo. Yo hice lo mío: apliqué el truco: H. W. y dejé que la bandita normalista se emocionara cuestionando a los autores. Así que el público estuvo expectante, interesado y preguntón. Aún se sigue preguntando la raza, quién jodidos es el asesino. La noche anterior sólo caminamos un rato, cenamos en el "Truco" [conté la leyenda de pésima forma], visitamos un par de bares. Primero el “ocho”, en el que fuimos desde el Top Ten de poetas para el poeta ahí, y el Top Ten de A.J., editor de allí, hasta la discusión sobre primeros, y muy lamentables primeros conciertos de cada cual. Confesé que el mío fue, ahora lo veo borroso, un concierto de Magneto. Otros recordaron a Koda o Timbiriche o Flans. Hubo algunos que tarareaban, otros, más concretos, cantaban y bailaban a ritmo de pop de los novenas y ochentas en México. Tardamos poco en decidir que el próximo lugar debía ser “Los Lobos”. Pasamos un rato. El madrileño y el hermano de G abandonaron la caravana en ese momento. El editor encontró algunas fans, JP llegó allá, GV ni quería entrar. Todo le recordaba otras ocasiones. Otros tiempos, otros fans. Sí, otros tiempos. Estuvimos tranquilitos. Caminamos a casa. Buscábamos lugar para dormir. Cerca del callejón del beso, ahí encontramos un sitio. Todos, incluidos, JP, AJ, GV y el promotor de provincias estuvimos un rato por allá, en la casa ésa en donde nunca falta fiesta. Caminamos lento. Todos tuvimos más de una charla. Estuve al lado de VA y de ML y de JP. Con éste creo que fui insolente. Creo que no fui prudente. Dije cosas que no sé si estuvieron bien. Le pedí que no hablara de la FFyL conmigo. Que me afectaba. Que me saltaba una furia extraña hablar de ese sitio. Él me respondió con un regaño. No callé, pero tampoco insistí. Cambiamos de tema pronto y, finalmente, él comenzaría una charla con AJ que no terminaría nunca, o por lo menos no hasta que yo quedé cuajado en un sillón destartalado.

En la mesa de ponentes, Vicente posó para las fotos, el poeta dio clases y el promotor esperaba. La tarde la pasamos en el Cafetal. Bebimos café hasta salir temblando del ahí. Nos atendió una chica bien buena vibra. Y los viáticos de los escritores alcanzaron para cubrir la cuenta del festín de café y chocolate que bebimos allá. Luego, comida. Luego, charla. Luego terminal de autobuses. Fue un buen día para hablar de libros.
Luego, hubo whisky, mucho. Pero ése es otro cuento.
Read more

...

Ah, musa protégeme,
le digo, en los días terribles
de la aventura incesante [...]

(R. Bolaño, Los perros Románticos, 83.)
Read more

Cantos generacionales.

Pienso en el Anacentrismo extinto. Pienso el el presente de varios ex poetas que ahora simplemente marchan, como pueden, marchan:
De Los Perros Románticos,
"A caminar, entonces, latinoamericanos
A caminar a caminar
A buscar las pisadas extraviadas
De los poetas perdidos
En el fango inmóvil
A perdernos en la nada
O en la rosa de la nada
Allí donde sólo se oyen las pisadas
De Parra
Y los sueños de generaciones
Sacrificada bajo la rueda
Y no historiadas."
(Los Perros Románticos, 81)
Read more

De los Perros Románticos.

"Tú eres el atracador, el violador, el rufián inepto
que rueda por las calles inútiles del sueño
[...]
Y entonces vuelves
[...]
a leer poesía junto al acantilado.
"No tenía adonde ir. Durante mucho tiempo vagué
[...]
No tenía nada que hacer
Salvo dar vueltas y recordar
pero incluso la memoria comenzó a fallarme".
(Roberto Bolaño, Los Perros Románticos, pp. 66)
Read more

I'm a stranger here myself (en voz de Ute Lemper)

I

Lunes
Yo.

Martes
Yo.

Miércoles
Yo.

Jueves
Yo.


(Witold Gombrowicz, Diario)
Read more

Citas al dedillo:

El único destino noble de un escritor al que se le publica es no tener la celebridad que merece. Pero el verdadero destino noble es el del escritor al que no se publica.

(Libro del desasosiego, fragmento 209).
Read more
 
Free counter and web stats