Desorbitado y huraño el profesor ha apuntado hacia la esencia de la poesía. En medio de un transe extrañísimo, tenso y hasta algo hostil, han tocado a la puerta. El profesor ha gritado. Escupió un ¡no estén molestando! La insistencia de quien toca es más decidida que el penetrante desaire del poeta. La clase se ha quedado de hielo. ¡La clase ha comenzado!, volvió a tirar violentamente. Pasó lista, del otro lado de la calle se escuchaba “El viajero” en un carro publicitario que anunciaba una tienda de ropa íntima para dama. Preguntaba nuestras aficiones con desinteresado aire inquisitorial. Él se dedicaría a enseñarnos lo impenetrable, la esencia de la poesía, se dedicaría a nivelar el entendimiento del grupo acerca de la poesía. Daba miedo, levantaba la sospecha de que en cualquier momento, el poeta, el elegido, se desmayaría. La puerta hizo otro ruido, él vehemente lo borró. Recordé a José Antonio. Me reía de lo bien que le vendría esta clase. Estaría extasiado. Supe que la clase lo volvería loco. Parecería que lo escuchaba afirmarlo todo, emocionado, al punto de la locura. Lo imaginé saltar de su silla y perder la compostura y, repitiendo versos de María Sabina y de chamanes aledaños, idolatrar al profe y declararlo el hijo de David. También pensé una afirmación que se me muestra contundente sin duda: los poetas son bien pinches mamones. No me queda duda. Debe ser agotador ser la madre del cordero, la madre de la poesía latinoamericana, ser una Cesárea Tinajero a diario, o una Auxilio Lacontour socialista que le da al pueblo la palabra divina. Una especie de sacerdocio que se veía invadido por el cuarto toc de tocs anteriores. Alguien debía abrir a la puerta, insistían fuera del salón, pero el poeta se aferraba, y el ruido de la canción en la calle se escuchaba cada vez más cercano, los signos de mareos y una cruda de peyote eran tan evidentes que comencé a temer algún síntoma de rabia en el poeta. El poeta en transe, desorbitado se negaba a abrir la puerta. Decididamente tocaban, se escuchó, además, de a Luis Miguel afuera, en la calle, el timbre de un celular, “Vasos vacíos” en versión pirata, no paraba el transe del poeta; los que estaban más cercanos a él sentían vibraciones hasta que todo se rompió cuando se escuchó: Boss, you´ve a call, que salía del celular del poeta. Aquello mágico se redujo al a entrada de varios compañeros que habían equivocado el horario. El poeta, después de colgar el teléfono derivó la esencia de la poesía en el sinsentido de la vida, en el ardor por la muerte y en el anti climático destino de las mujeres para buscar a un donador que les cumpliera el sueño de reproducir la especie en cuanto antes. De verdad que los poetas son tipos inquietantes para la sociedad.
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