Los nombres venden.

No llegué a las lecturas de Julio Cortázar igual que a otras. No hubo quien literalmente, como en otras ocasiones, me pusiera algún libro en las manos; no fue una clase de literatura tampoco, por lo que no fue directamente por su mítica figura o por una moda entre los estudiantes de la carrera como terminé leyéndolo; llegué a acariciar la figura del creador de Rayuela por una singular coincidencia con uno de mis más claros "defectos" o "deficiencias" que, además, me ha caracterizado ya desde que medio aprendí a hablar. No sé si derivado de tantas caídas infantiles o por un impedimento hereditario en el habla comparto con Cortázar uno de los pretextos para algunos de los tantos apodos que he tenido durante la vida. Me refiero al frenillo, a la imposibilidad de pronunciar "correctamente" la R. volvería a ser víctima si ahora mismo, como lo hacía mi feroz profesora de cuarto grado de primaria, me pusieran a recitar aquel temido R con R cigarro, R con R barril, R con R las vías del ferrocarril. No, lo suponen bien, sólo atinaría cada cual a reír o a reír.

Resulta que el argentino más parisino algunas veces fue criticado por su acento siempre afrancesado, que en realidad era la incapacidad de pronunciar la r como los demás dicen que se pronuncia. Pues bien, así llegué a Cortázar. Después de escuchar una entrevista que le hacían y que evidenciaba notablemente su frenillo, fue que me acerqué a leerlo. leí algunos cuentos, casi escéptico; luego leí 62 modelo para armar y ya después, me compré mi edición de bolsillo de Rayuela y hasta me aprendí de memoria el capítulo 7 que tantos y tantos hemos utilizado para evocar una escena entrañable y seductora.


No me convertí nunca en lector comprometido con la causa del reino milenario. Mucho menos fui un promotor de la lectura de éste. Sólo me acerqué, debo aceptarlo, por una inclinación de circunstancia meramente personal. No hice de estas lecturas mis referentes. Pesan mucho más otros autores en mi formación lectora, pero no podría dejar de reconocer que es válido el mote de monstruo de la literatura que tantos le otorgan al inventor de la maga.

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde una aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay sola saliva y un solo sabor a fruta madura y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Cortázar, Julio.Rayuela. Cap. 7. (a ver si no me demandan por reproducir total o parcialmente esta producción).

Este martes pues, con ocasión del evento antes anunciado, hemos hablado de Cortázar y su importante influencia en las letras tanto latinoamericanas como en el panorama literario mundial. Cortázar sí que llegó al Gran Público.



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COLECTIVO PLATAFORMA PRESENTA:

LABERINTO/PUENTE.

MEMORIAL CORTÁZAR/BORGES.


museo de la ciudad. Jueves 23, 7 treinta. entrada libre.

Irapuato, Guanajuato.
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Bitácora -de martes a martes-.


Mi colega Alejandro Palizada había visto en Dr. Passavento de Enrique Vila-Matas el nombre de Bernardo Atxaga. Debido a eso, y creo firmemente que no a otra cosa, su memoria guardó el nombre hasta encontrarlo, por mera casualidad, como suelen ser las cosas interesantes de la vida, en una feria del libro pequeña. Lo adquirió en unos pocos pesos. Seguro le llamó la atención el diseño de la edición que es muy llamativo y resulta sugerente.

Bien, después de eso, pasó lo que suele pasar con muchos de los libros que por una cuestión de inercia, Alejandro Palizada, suele dejarme en las manos. Lo leí y terminó por hacer profunda mella en mis lecturas. Finalmente, no pude evitar recomendarlo en esta jornada radiofónica. Un paseo rápido por la biografía daba ciertas señas para llamar la atención: es un escritor vasco, uno de los más reconocidos a nivel mundial, sino es que el más; ha dedicado su carrera también a la manufactura de guiones radiofónicos y obras teatrales, matiz que tiene la novela que le he leído por supuesto; y además ha hecho letras para canciones vascas. Atxaga es relativamente joven (Joseba Irazu, su nombre de pila), nació en 1951. Su mayor impacto literario ha llegado a través de sus novelas con las que ha obtenido gran éxito tanto en el gusto de los lectores como en los premios de la crítica. En castellano ha publicado recientemente dos novelas, El hombre solo y Esos cielos. Un escritor entre las vanguardias y el realismo mágico, dota de protagonismo a la naturaleza y suele hacer de sus personajes gente del pueblo enfrentada al paisaje y a las míseras condiciones de nuestro tiempo.

Esos cielos, novela que comenté en el programa narra las horas siguientes de la triste salida de la cárcel y la búsqueda del retorno. Irene es una ex-presidiaria recluida en Barcelona, inculpada por terrorismo y que, después de cuatro años, ha quedado "libre" o Abandonada", como quiera vérsele. La novela comprende el trayecto de regreso de este personaje femenino triste y despistado, casi en un estado de mera expectación. Debe retomar una vida que ha perdido. Todo ha cambiado, pero el pasado la perseguirá con sus consecuencias. ¿Podrá Irene hacer algo con su nueva vida?

El hálito de "no pasa nada" que el lector podrá recorrer en una edición de grupo Zeta, me hizo pensar en otra novela que había leído hace un tiempo y que también conmocionó mi forma de ver y leer el mundo. Me refiero a Nada, novela escrita por Carmen Laforet, premiada con el Nadal en su año de publicación que fue para 1945. Novelita de deliciosa lectura en la que queda de manifiesto la decadencia de la sociedad y la sensación de que no pasa un carajo. Nada ilumina el medio siglo de la literatura española de una manera extraña. Forma parte de una nueva generación de escritores, pero que, sometidos aún a una censura implacable, burlan, a nuestros ojos actuales, graciosamente, cualquier tropiezo y sometimiento dejando dato de una narrativa bien armada y escurridiza.

Así, no pude dejar de pensar en la parábola del Hijo pródigo como metáfora literaria. El viaje y la perdición. El sufrimiento y aprendizaje en el mundo para ver, tanto a una Irene de Esos Cielos como a Andrea de Nada, volver con los arañazos de la vida a su casa paterna. No es de menospreciar, por ejemplo la elección de los nombres tanto de un personaje como del otro. Recordemos que Andrea es en griego, el joven, y por su parte, Irene trae consigo la carga significativa de: La Paz.

El programa fue ágil y emotivo. La voz femenina en la literatura me llama la atención en estas dos novelas. No por ser mujer la que escribe, sino por ser una manifestación tan genuina y tan vivaz, en la que los personajes más que cualquier otra cosa tienen vida y se van construyendo integralmente durante toda la trama. Pasa precisamente lo contrario a lo que afirmo. Pasa algo, se construye en carne y hueso alguien, aunque fuera de lo demás, suceda Nada.

No lo olviden, 870 AM, los martes a las diez treinta.


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