Réplica a "Las meseras del Vips".

De las meseras del Vips a las mujeres solas hay una mirada. Las meseras, disimulan. Hacen que cualquiera que se apoltrona a beber café interminables ratos se sienta cómodo, se sienta como parece querer. Bajo la mirada de psicólogas o de oligofrénicas observadoras de la vida, la mesera del vips es lo que todo hombre querría. Sin embargo, y como todo en la vida, hay una paradoja, algo que quien propone esta teoría no notaba en este anhelo pequeñoburgués, clasemediero y noventero. Hay en éste una tristeza irreparable, a ellas, a las del Vips, no les interesa que el café sepa a pura chingada o que la comida esté fría. Todo lo hacen para afuera. Esa sonrisa eterna ahora me parece tan ficticia, tan reemplazable por una máscara de blue demon. Son en todo caso aparatos maquinados para hacernos sentir bien, no más. Ríen pero no hay más; si bien las solas, de las que hablo ahora, tampoco escuchan, su entrega es otra. No es prestada. No es pagada, ni tiene jornadas definidas; es en cambio, una entrega definitoria para la vida. Mientras que las primeras sólo sirven, sólo cumplen, las segundas actúan directamente porque preparan, porque se preocuparán siempre, debido a un irrefrenable egoísmo que les hace hacer todo como si lo hicieran para ellas; no alcanzan -por no sé qué motivo- a distinguir que lo que hacen no siempre es para ellas; eso en apariencia sería molesto, esquizofrénico, patológico y obsesivo, pero, a la larga, es querencia, es dedicación, es des-automatización, es arte. Son solas y egoístas y se angustian; tienen esta tierna propensión por los detalles y, como todos sabemos, en los detalles se columpia el diablo y surge el verdadero cariño. A las meseras del Vips les preocupa la eficacia, que está emparentada, más que con ésta misma, con un concepto de velocidad y cumplimiento rápido; visto más de cerca, se traduce en precocidad, o más claro, en bonitos platillos acicalados por otro muchas veces fríos o recalentados en microondas, un descuido que sólo en la profundidad de saborearlo todo, podríamos notar, como la pimienta extra que notamos en los platillos preparados por las otras. A las solas la tardanza ya no les preocupa, se han acostumbrado más que a esperar a no tener prisa, ninguna, Penélopes que han dejado su hilar para otro tiempo; son dueñas de su tiempo que no es de jornada de ocho horas. Se han habituado a darle tiempo a todo. Son sabias. Mientras que las otras suelen ser útiles, y entre ser y ser útil, hay diferencia, hay una valiente virtud de diferencia que las solas desarrollan y que uno nota cuando dejan el plato en las manos del comenzal o comen junto a éste.
El regaño que sufrimos de las solas vale la pena frente a la sonrisa hipócrita de una mesera del Vips que, si bien puede desarrollar una empatía con el cliente, ése que se sienta y echa el morral o el portafolios como puede encima de la otra silla, está obligada también a ello: se llama cortesía y la podemos pagar con el diez o el quince de propina al final de la faena; cortesía que a mi modo de ver se nos ha esfumado, la han dejado huir a partir de la consigna, digna de clase de competitividad y calidad, en la que lo que cuenta no es el cómo se hacen las cosas sino un simple hacerlas “justo a tiempo”. Frente a esto, a pesar de que al cliente le viene bien una sonrisa cada vez que recibe una visita momentánea de la mesera para ofrecerle algo más, un café o un vaso de agua con o sin hielos, existe el tránsito artesanal y de manufactura tardada que uno puede vivir desesperado, pero bajo el encanto de una entrañable ternura de saberse querido por una egoísta que quiere a lo que quiere como se quiere a sí misma. No, creo que a pesar de lo tentador de querer a una mesera del Vips, prefiero a las mujeres solas, aunque gruñan cuando despiertan por las mañanas. De hecho, me atrevería asegurar ya dicho lo dicho que, seguro cada mesera del Vips, es una mujer sola, o por lo menos lo quisiera ser.

3 Escrúpulos y jaculatorias.:

media luna dijo...

Pues si no fuera por entradas como ésta, más de una sola, estaría tentada de convertirse en mesonera.
Muy buena reflexión y muy buena la forma de plasmarla.
Chapó.

samuel dijo...

Yo soy fan de las solas
pero definitiva y últimamente parece que escasean
como que todas las solas de estos tiempos ya tienen a alguien
y los solos nos quedamos solos
sólo mirándolas

Y bueno
debo decir que las meseras del vips en el deefe son menos agraciadas pero mucho más cálidas -te dicen manito-

las de puebla, poblanas -a secas-

y las de xalapa son de muy buen ver, pero terriblemente incompetentes -una me quemó con un plato caliente-

dos cosas más
será que les entregan un kit de maquillaje con instrucciones precisas para parecer encantadoras?
porque sospecho que mucho del éxito radica en eso

y la última
gracias por mirar mi blog
nos miramos-comentamos pronto

saluuuuut

Anónimo dijo...

Siguen siendo validas tus reflexiones ahora en 2017,.. Oaoh! Como ha pasado el tiempo... Y, Yo, si Yo, sigo enamorado de una mesera de un Vips. ja ja ja ...¡Que iluso soy Yo! Tarde 9 años en abrir los ojos gracias a este blog. PD. Besos a esa encantadora sonrisa de mi mesera favorita (donde quiera que estes, nunca sabré su nombre) Que triste!

 
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