Una carta blanca, una fritada, cabrito y machito. Comió mientra se escuchaba al fondo del restaurante un tipo con aspecto de Santa Caluss en verano que interpretaba canciones del pirulí o de cantoral. Repartió la propina entre el mesero y el cantante. Charló un poco con el mesero. Le recomendó dos bares, ambos, cuando los pasó, habían cerrado. Caminó. La recomendación de Lomelí estaba abierta. Lo pensó, pero había sido mucho cabrito y un día largo, y un viaje largo, y mucho monólogo como para enfadar a alguna morra amable con la vida vertida en soliloquios por unos cuantos pesos. Decidió entrar en el hotel, saludo al recepcionista, escaleras, tercer piso, vistazo a la panorámica de baldío, tele encendida, ESPN. Despertar a las ocho de la mañana por las putas agruras que le heredaba la cena de la noche anterior.
Trabajadores de la música, ¡uníos!
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Recibir dinero por la música que haces nunca ha sido fácil. En una de las
cartas más antiguas que se conservan de un compositor, Claudio Monteverdi
se quej...
Hace 23 horas.

2 Escrúpulos y jaculatorias.:
Me quedé en las vísperas de tu bitácora, y es que mi barco estuvo a la deriva sin brújula y sin una brizna de viento que pudiera empujar sus velas maltrechas. Y hoy atraco en este puerto y escucho con placer este cuento de frituras y machito y aprendo una nueva palabra que seguro recordaré una de esas noches o esas mañanas, donde el cabrito se repite...
Un abrazo.
Je. Sonrío socarronamente con el comentario Carmen. Un abracísimo desde la casa de mi madre.
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