Cuevanenses perdidos en Irapuato. (2008)

I

Y pudimos escucharlos. Se antojaban lejanos y anónimos. Pero ahí estaban. Los Perros del Alba no iluminan nada, no resuelven nada, sólo aúllan, pero sobre todo, están. Aparecen, como apunta el rompemadres de tabúes provincianos: Cuando uno vuelve a casa y los zapatos chisporrotean unos pasos abandonados, charolando cada piedra, cuando se está envuelto en el fragor de los sigilos nocturnos, cuando la cabeza gacha y la tristeza ubérrima hace mella, ahí se escuchan. Sustituyen a los pájaros de la renovada mañana, hacen las veces del ruidoso urbano que suele despertarnos, acarician como la resolana de la tarde: por la noche, ya muy noche, o muy de mañana, son Los Perros del Alba los que interrumpen la vida e implantan el soundtrack.

II

Llegué al sitio antes que ellos. Generalmente no lo hago, pero eran los tan nombrados en cantinas, bibliotecas y avenidas, pasillos sanitarios y antologías de poetas mal(d)itos, no podía tener algún retraso. Quizá me debí sentir como colegial, pero la verdad es que no. Leía a Álvaro Enrigue y todo terminó valiéndome madre. No me desesperé ni sufrí con las posibilidades de un accidente en la carretera o algo similar. Los vi llegar por equivocación. Yo buscaba los baños. Los seguí con la mirada. Los dos de saco y el anacentrista también. Los tres apurados. Los pude ver bajar del auto, cerrar las puertas, medir de reojo el terreno al que habían entrado como terroristas. Pasaron el detector de metales sin problemas, seguro la toxicológica debió exigir algún arreglo. Pero ahí estaban ya. No sé muy bien en qué consiste esto de ser un Perro del Alba y creo que me da igual me da igual. yo tengo 26 años, soy un docente y camino toda la ciudad; bebo café por las mañanas y suelo equivocarme de caminos siempre; vivo en casa de mi madre y lloro con los finales de novelas. Con aparente resignación o estoicismo o mediocridad o inercia o cinismo entré en la vida hace poco más de un año. No sé qué sea eso de Los Perros del Alba.

III

Volvíamos, como en otros años, entrada la noche. Transitábamos el camino de muchos vagabundeos anteriores y nos descubrimos nostálgicos por lo perdido o melancólicos historiadores de la nada, por lo que nunca hubo. Supimos que ahí estaban. Ruidosos y haciendo las veces de una distintiva voz en off. Se sienten orgullosos y se uniforman bajo la presunción y el orgullo de ser llamados así. De ser el nuevo mito. Ya María Font había mencionado algo al respecto en un prólogo que hace unos años le pudimos leer algunos. Prólogo que quemaría en un arranque de histeria como los que todo mundo sabemos solía tener.

IV

Los seguí toda la tarde. Me aplasté detrás de todos. Reí sus chistes y escuché por fin qué son los Perros del Alba. Vaya. Me subí al auto con ellos. Los acompañé a un café con nombre en francés, a reunirse con su gente; continué con ellos cuando decidieron ir por unas cervezas; no me fui a mi casa sino que me convertí en copiloto emergente. He estado con los Perros del Alba, qué emoción. Confieso, sin embargo, que aún no sé mucho. Sólo lo que la Font diga. Ya le pediré explicaciones.

V

Qué bonito público, dijo L. AP respondió, sí. Aguantaron el retraso, se presentan atentos y heterogéneos, y piden autógrafos. La noche era demasiado tranquila y era complicado pensar en eventualidades espectaculares. La gente en Cuévano camina más que andar en auto. Nosotros mismos siempre andábamos entre las cuevas y las ruinas. Anoche era un regreso, un regreso parsimonioso, una tranquilidad como con dirección al horizonte, a la desintegración; una cuesta que, a pesar del menguante de media luz, no lograríamos ver nunca y se antojaba remoto. Había pasado ya la presentación de la revista, había pasado el café de después, las risotadas por el show y la ida a la cabañita. AJ y DD hicieron una buena escenificación de la leyenda. Trajeron, bajo el antebrazo, su respuesta: “traemos la revista que quisiéramos leer […] En ese sentido, Los Perros del Alba es una revista verdadera, una deuda con las letras, una deuda recíproca como la de los amantes”.
N.B. La fotos las tienen ellos.

2 Escrúpulos y jaculatorias.:

García Madero dijo...

Una crónica entrañable en su desmesura. Cualquiera después de este post pensaría que "Los perros del alba" son algo y no otra efímera revista de provincia. -A propósito, su pluma cada vez más suelta.

LSz. dijo...

Le agradezco los vítores. Los Perros del alba, según María Font, son algo. Ya se verá qué.

 
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