De las réplicas a una réplica.

Sabía que al pronunciarme por las mujeres solas algo sucedería. No, no lo sabía, debí saberlo y callarme. Debí saber que al generalizar estaba provocando algo, una hecatombe, un aquelarre, un ataque frontal en contra mía. Ha sucedido. Generalicé por un lado; por otro, hablé. Esta mañana, aunque me sentía algo crudo me sentía risueño. Desperté tarde para mis clases de las siete. Apuré el baño que resultó reparador, bebí agua y algo de té, respiré hondo. Me planté en la escuela y me dediqué a dar clases, jugué un poco con el tema y hasta recité, como últimamente me da por hacer, algo de Huidobro. Fue una mañana fácil, una en la que me encontraba de muy buena uva, sólo sucedió y ya. Había bromeado con alumnos, me había burlado de dos o tres chistes y había salido airoso y hasta satisfecho de mi suplicio docente de los martes por la mañana. Se me vino un alud. Sigo atónito. Sigo incrédulo. Sigo pasmado.
Sólo así, sólo sucedió. Salí de la sala de maestros, me acomodaba la mochila y encontré a una colega. Bromeamos sobre un olvido que tuve hace unos días y sobre lo distraído y fantasmal e idiota que puedo ser. Qué quería, sólo doy seis horas a la semana en ese sitio, las imparto de siete a ocho cuarenta, alguna consecuencia de desaparición debía de haber. Reímos. Ya me despedía cuando nos atajó otra colega murmurando un largo etcétera sobre un alumno medio gandalla y tal. Se detuvo justo frente a la puerta, muy cerca de donde charlábamos mi otra colega y yo. Se dirigió a mí con ese tono inquisitivo ya conocido por todos, ¿ya hiciste las transferencias de las películas de los Soler?, me sorprendí, y con esa misma sensación respondí que no sabía de qué hablaba. Insistió, sí, yo te di esas películas frente a C., seguí en la negativa. No, no me las diste. Desairé afectado. No insistió más, no inquisitivamente. Se volvió loca. Atisbó gestos y pude ver cómo se transformaba en la oligofrénica que es. Pude ver con un asombro descomunal que estaba frente a una colegiala a punto de quebrarse en llanto, pude ver a esa cincuentona fundándose un gran drama. Joder. Sigo boquiabierto. Sigo con el nudillo de incredulidad en la garganta. Me lo pienso y todavía me pongo erizo, aún conservo esa frialdad de espectador con la que lo debí ver todo, pero debajo de mí simplemente no sé qué pasó, ni cómo ni por qué. Sólo arrojó un grito dramático, esperpéntico, desgarrador, yo te las di. Se recogió, abrió la puerta del sitio al que le hacía antesala, azotó la puerta, se aplastó en un silla de las que hay allí y siguió vociferando ¡Sí, Yo Te La Di, Sí! ¡Yo Te Las Di! Gritaba o gemía ya no supe bien. Hablaba sola, gritaba sola, lamentaba sola. Claro, B es una mujer sola.
Quedé frío, incrédulo y risueño. Me quedé idiota pensando en lo que había sucedido. Atiné a caminar, me puse el saco, bajé la cabeza y volví a intentarlo. Indagaba en mi memoria a corto plazo. Seguí anonadado. Terminé buscando en mis recuerdos el motivo del drama. No encontré un carajo. Me dije, déjalo, no pude. Todo el día estuve dándole vueltas enfermizamente. Nunca comprobé si mi duda acerca de lo que me reclamaba B era por la vehemencia con la que me lo había inquirido o porque fuera lo real. Revisé las escenas posibles. Acusé dos particularmente: una en la que yo le comentaba, casi al final del año pasado, al entonces Secretario Académico del sitio donde laboramos, que me parecía buena idea hacer un cine club en el Colegio. Sabíamos él tipo y yo que era un comentario para perder el tiempo porque ni siquiera permiten cosas así allí, y para las películas en las que yo pensaba, ni hay mucha gente que las vea ni permite la censura dejarlas ver. B se entrometió sin dejar de mencionar alguna cosa que le pareciera mal. Creo que recuerdo que dijo algo de sus películas, pero no supe bien qué. Dijo que tenía videos VHS y que bastaba con transferirlos para tener colecciones enteras de lo que ella tenía en su casa. Posiblemente esa sea la imagen que haya provocado su reacción esta mañana, la sensación de haberme dado unas películas para transferirlas. Esto yo lo recuerdo vagamente; que me las haya dado, simplemente no. No lo recuerdo porque de verdad creo que no sucedió nunca, pero no sé. Ahora dudo. Dudo y sufro. No sé qué es lo que hace uno en estos casos. No sé si mañana me estará esperando en la puerta de entrada o buscará encontrarme en cada salón que habito durante cincuenta minutos para enfrentarme de nuevo y montarme un desequilibrado drama. Vivo bajo el pavor del que no sabe lidiar con solas desatadas. Habito las cuitas particulares y temo. No me importa el trabajo, es poco y últimamente no es el mejor sitio para estar, temo quizá porque simplemente no quiero sorrajarle en la cara a esa desadaptada que, me queda decirlo sin amilanar el dejo claro de tristeza frente a ella, que le vendría bien un buena amigo de inicial D, o uno de carne y hueso, que los perros son la onda pero que a veces no basta, que la soledad es re cabrona y que no soy víctima de nadie; que, en todo caso, si hay alguien que se ha quedado con cosas del otro es ella, pues recuerdo que alguna vez yo le mostré un libro virtual que nunca me devolvió, sólo arrastró un desdeñoso comentario, está mejor el de Santillana, dijo. No me extrañó, sólo me encabronó que no me lo devolviese y que no hiciera un puto gesto para preguntar cuánto era del disco. Quizá es el momento de aprovechar para que cada quien tenga lo suyo.

5 Escrúpulos y jaculatorias.:

media luna dijo...

Pues amén de que me encanta la exposición que haces de un martes que dura muchas más horas de la prevista, te diré que ante una "sola" de ésas que describes como necesitada, supongo que lo único que puede devolver el sentido a su locura, es el diálogo. O al menos, devolverá la cordura a ese chico que no atina a recordar, y por tanto no entiende la escenita.
Si es que la soledad no es buena.
Yo apuesto por la palabra. Si es con café, mejor.

LSz. dijo...

Poca cordura y más café. Transformada en reclamo la soledad no es soledad, es abandono y eso, quizá, es lo que descolocó todo. Y claro, en cualquier caso, la palabra.

Gracias por pasar.

media luna dijo...

Me quedo con éso de "la soledad como reclamo". No sé si es abandono o no, pero desde luego es enfermizo y manipulador. Pero como siempre, el que más lo sufre, será ella. No es un consuelo. Es una pena.
Me gustó tu respuesta.

samuel dijo...

y al menos es atractiva la sola esta?
porque si no, es sola por condena
y no hay nada que hacerle

con esos desplantes...

LSz. dijo...

No. Triste, pero lejos de eso. De lo contrario, lo sabemos, antes de lamentarme por un desplante celebraría llamarle la atención como para volverla loca.

No hay mucho por hacer ahí.

Saludos.

 
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