¿Oficinafobia?

Después del programa de radio caminé hacia el estadio. Me metí al oxxo y compré dos litros de agua por once pesos y unos marlboro lights -cada vez más caros-. Me había despertado con la consigna de que, pasara lo que pasara, le vería por fin la última página a Si te dicen que caí. No pude llegar y devorar las últimas páginas así. Encontré a Rocío y luego a Pérez Vargas y luego, luego, terminé evadiendo y me puse a escribir. Terminaría el libro. También escribí varios fragmentos de lo anticlimático que resulta la vida. Nos incluía a un abanico deprimente de personajes en tal lid. Una triste, llena de sueños rotos y de fragmentos de cualquier ilusión. No sabía de lo que hablaba. Ahora lo sé. Trabajar en una oficina como la que he visitado esta tarde es eso, de una tristeza estéril; por lo menos para mí.

8 Escrúpulos y jaculatorias.:

Anónimo dijo...

Evite cualquier trabajo de oficina. Evite horarios de oficina. Evite escritorios de oficina. No me resulta agradable saber que está molesto, triste,incómodo.

José Antonio dijo...

Lo cierto es que somos dos. Para mí, trabajar en una oficina me deprime. Te cuento una anécdota: Hace tres años me encontré en una oficina, programando, pensé y medité ese estado, busqué respuesta. ¿El resultado? No lo sé, pero eso me hizo refugiarme en la literatura, me impulsó hasta el otro lado del charco...

Al final, todo es literatura ¿no?

:)

Un abrazo

media luna dijo...

Me encantó tu recorrido. Me gustó esa pausa para comprar dos litros de agua y sobre todo me gustó ese encuentro con Rocío y Pérez Vargas, que en mi delirio de déficit de atención, asocié con dos escritores que encontraste antes de coger entre tus manos a Juan Marsé. Ahora creo que son amigos de carne y hueso. El caso es que descubrir que se tiene oficinafobia es todo un descubrimiento que te puede salavar la vida.
Un abrazo. Y a seguir escribiendo aunque sea en los parques.

LSz. dijo...

Anónimo: NO calzo el molde. Los evito, desde siempre. Sólo que mi mirada traspasa todo, entre ello, algunas ocasiones y afectada, se posa sobre una enrarecida oficina.

José Antonio: Nunca me lo cuestioné, siempre se supo -era hiperactivo y lo sabía todo mundo desde el jardín de niños-que las oficinas no eran para mí.

Jo, Media luna, pues esa oficina, sí. hay que salvar la vida.

| n | dijo...

Pero es que trabajo ahí para reproducir al Kafka de la agencia de seguros. ¡Hay que meterse hasta las narices en el personaje! Eso y aquello de Valèry también.

| n | dijo...

"Sí, se sufre de a ratos, pero es la única manera de conseguir el boleto"

Aleita! dijo...

Anda! Pérez Vargas, ya no me acordaba de él. Gran sujeto.

uffff, Si te dicen que caí...
Novelón. Juan Marsé y los aventis, mmm, ese libro tiene un sitio especial en mi corazón.
finalmente, ¿ya lo terminaste?

LSz. dijo...

Recogía algunas notas. También, para mí, es, desde hace un buen tiempo, -todo Marsé- uno de mis imprescindibles. Ya, levanté la cabeza, no pude más, cerré el libro y la libreta de notas y nada, sólo eso, nada(pensando en Carmen Laforet),jo.

 
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