Reseña

La presente reseña en Los Perros del Alba 4.

De oscuro latir.
Universidad de Guanajuato, 2008
Federico Vite
Por: Luis Felipe Pérez Sánchez

La prosa de Federico Vite ha sido catalogada como literatura para pasarla bien un rato. Textos de divertimento, de ironía propia de nuestros tiempos. El autor muestra una facultad casi inverosímil para inventar imposibles, degradar historias y mostrar un decadentismo nada sutil repleto de peripecias. Ha sido acusado de influenciado y, a veces, de escritura atropellada, escrita a trompicones. La acogida de su primera novela, Fisuras en el continente literario (Tierra Adentro, 2006) se rodeó de mitificaciones y aventuras; como si de su objetivo fuera hacer de la vida un hipertexto de la escritura misma, Vite se vio envuelto en dimes y diretes que, eficazmente, lograban la risotada de quien se enteraba. Resultaría difícil deshacerse de aquella noticia y lograr acercarse a su obra, estaba el lector frente a un capítulo de los Simpson´s, como bien afirmaría el propio autor entre carcajadas.
El esfuerzo editorial de la Universidad de Guanajuato a cargo de Cecilia Barreto y su equipo de colaboradores de la más alta estirpe, bajo el nombre de la colección Anaquel, traen para nosotros De oscuro latir (UG 2008), un conjunto de nueve relatos que nos presentan a un Federico Vite irreconocible frente a lo publicado anteriormente. En esta amalgama el autor “indaga sobre las pulsiones ocultas que habitan en cada ser humano. Un mundo de tremendo realismo poblado por muertes, milagros siniestros, figuras violentas, hombres confundidos y ritos malignos” conformando esta obra que descubre el oscuro palpitar del corazón humano.
El ganador del Premio Ignacio Manuel Altamirano de novela en el 2005 no deja de entretenernos en ese par de relatos que sellan el final de este presente libro. “Siga a ese auto” y “De locos” son la brusca necesidad de aventuras en un medio salpicado de inconformidad e insatisfacción. Pico es un detective patético. Se presenta como un escritor subempleado de taxista. Se siente Un James Bond acapulqueño y cristaliza sus sueños de aventura al encontrarse con el tímido y conmovedor Julián enculado con la fantasía de esa Melinda de “buena nalga, pelo teñido de rubio. Coqueta. Pestañas largas que decían mírame, mírame, podría ser tuya.” (pp. 111). Este hilo conductor, la insatisfacción, encadena este relato con el otro, un joven camarógrafo que duda en dónde estar, en qué realidad quedarse. Pocos escritores tocan el tema futbolero como quien sabe de qué habla. Acaso este relato de Vite que cierra el libro hace pensar en aquel “Buga”, el relato emocionante de un africano que triunfa haciendo goles en un equipo español que encontramos en Llamadas telefónicas de Roberto Bolaño.
Así como el pulso es incesante, así como lo latente sólo es inminencia, así como el vértigo es temible, el acapulqueño por adopción, captura a su lector bajo estas premisas con una prosa que conserva la ligereza de su anterior novela. De inicios contundentes y manejo ágil del tiempo, estos trompicones que acusan los relatos se convierten en los generadores de tensión, en la cadencia y en el tono de las narraciones que, a momentos, son una cauda de diálogos que volatilizan los textos, los dotan de velocidad y movimiento -característico de los textos contemporáneos-, y que terminan por hacer patente uno de los tópicos por los que suele inclinarse la narrativa de esta joven voz mexicana: el patetismo. Declara, en la reflexión de uno de sus personajes más presentes, Pico, el porqué esta triste felicidad, si halla lugar dicha paradoja: “encontrar en el patetismo la salvación” (pp. 38). Ante el vértigo dramático de cuantiosas escenas construidas siempre entre el tiempo cotidiano, existe un decadentismo que, en monólogos, urde declaraciones familiares para cualquiera que ha intentado huir del fracaso, una consigna inevitable de nuestros tiempos. Por mencionar un ejemplo, en “¿De qué hablamos cuando hablamos de un hijo?”, segundo relato contenido en el texto, leemos quizá aquél que enarbola la poética de Vite a nuestro parecer: “El fulgor inasible de la feliz resignación” (pp. 37). El lector irá asintiendo ante las situaciones de ese personaje que, al final de todo, como si fuera posible, se aferra a la posibilidad de tejer esperanzas cuando se habla de un hijo.
“Los últimos en llegar”, “En los ojos del otro” y “Mi nombre son muchos” conforman la triada de relatos que indaga, aunque en todo caso, acerca, y de golpe -como una temible sorpresa,-los temas oscuros y suburbiales que yacen allí, en las cloacas, allí en la oscuridad; allá donde rige la ley del ocultamiento. La sordidez y claridad -si se permite la frase- con la que encara el tema Vite es sorprendente. Sobrecoge con la noticia y el impulso violento que rige hasta el final de cada uno de sus relatos. Entre travestidos, pedofilia y misas negras, destaca la sensación de movimiento y la contundencia de los escenarios fabricados a través de la palabra, que devela lo que parece estar escondido entre lo borroso de la realidad. Un artificio de fotógrafo que enfoca el lente hasta encontrar la nitidez es lo que termina por empujar al lector y confrontarlo en la prosa que nos deja Vite. Los mismos personajes practican este acercamiento a las cosas bajo monólogos siempre dramáticos en los que la explicación de la realidad trae consigo, también, esta literatura que vocifera y se compromete con su realidad, no con dejos panfletarios o hasta inverosímiles, sino dotada de un hiperrealismo que corroe, que aprieta el corazón de quien se muestra sensible y alerta en medio de esta sordidez, entre un ambiente contaminado por la indiferencia. El autor es un mirón tremendamente escéptico que termina creyendo en algo, no se sabe muy bien en qué, pero es algo que lo aterroriza. Estamos ante la escritura martillada de aquel que se ha transformado en un testigo, inventor y sobreviviente de sus propios textos. Así es, además del vértigo de la prosa de Vite, lo turbador o lo violentado de las escenas, en De Oscuro latir encontraremos la exacerbación del miedo por las cuestiones cotidianas: el amor, el presente y la supervivencia; el drama de un futuro impensable, la mitificación inexplicable de lo que sea y la ridícula posibilidad de que suceda algo en medio de la más enrarecida anécdota.

7 Escrúpulos y jaculatorias.:

José Antonio dijo...

Ahora mismo salgo a adquirir mi ejemplar!

PD.: Bueno ese africano en el Barcelona. Esos futuros editores deberían hacer el mismo ritual...

Yan dijo...

No lo he leído aún =(
Lo buscaré, eso de "testigo, sobreviviente e inventor" me hizo ruido.
Saludes!!!

LSz. dijo...

Yan, ¿Ruido? ¿así como canción de Sabina o como lo purista que eres?

Saludotes.

LSz. dijo...

José Antonio,

¿Qué deberían hacer esos editores?

Un abrazo medio anacentrista.

Yan dijo...

Ruido como una duda demasiado prolongada, así. Repito, no soy purista.

LSz. dijo...

Deya,

Lo primero es la negación. A mí se me hace que lo niegas, pero lo eres.

José Antonio dijo...

LSz:

El mismo ritual que hacía Buba en el cuento de "Llamadas telefónicas". Habrá que asegurarse el éxito. Si no llega, bueno, esos editores tendrán una buena historia que contar en su revista. :)

Saludos.

 
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