Epistolario a un fantasma

"Su carta fue para mí una verdadera sorpresa"

Kazimierz Brandys, Cartas a la señora Z

Escucho Tom Waits y se me antoja colmar el cuarto con humo de cigarrillo y tener la piel frente al ventanal sugerentísima como la de aquellos años veinteañeros en los que pensaba que la lechocidad de la suya era un gran contraste para unas zapatillas negras,  con aspecto de gamuza.

Escucho música que corroe las entrañas y lo hago, paradójicamente, frente a una pantalla de computadora, en el séptimo cubículo de varios, con libros abiertos y mi diario de estos meses en el que sólo anoto citas, muy pocas cotidianidades, muchos menos sueños, alguna elegía.

Escucho el piano que emula a un Woody Allen y sus películas, un Nueva York que no conozco, un Chicago que sólo conozco por las series de televisión; un fondo arlequín para remendar las dos o tres pasadas intenciones de responderle ese recuerdo de otra memoria, suscinta crónica de la invención en aguafuerte que me ha escrito, ése que pinta la noche como si fuera una historia en sepia. Aquella que pudo darnos dos tequilas, varias risotadas y algo parecido a la nostalgia. Es melancolía pura la recreación, pero, como dictan las citas que se pueden leer en mi diario, son también el movimiento interno de uno, ése que, o nos ahorca con el nudo en la garganta de lo que no pudimos o nos manifiesta los fluidos, consistencia de tarta, que mojan las bragas cuando uno se lo piensa como algo real y sucedido. 

Le robo dos besos.

3 Escrúpulos y jaculatorias.:

Alma V dijo...

por favor, que no se malinterprete pero, me encanta.

Miss Discontinuidad dijo...

hiciste un recorte asesino a este post, venía a leerlo, je

LSz. dijo...

¿Recorte asesino? ¿Crees que edito? Debería, pero, lo sabemos, soy un poco asesino, un tanto un recorte.

 
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