Uy, hasta en el periódico!

31/ENERO/2009
Presentan ¿Te gusta el látex cielo?

En la Casa de la Cultura se llevó a cabo la presentación del libro ¿Te gusta el látex, cielo? de Nadia Villafuerte, como parte del laboratorio de escritura de la Casa Cultural.
Melba Vidales

En la Casa de la Cultura se llevó a cabo la presentación del libro ¿Te gusta el látex, cielo? de Nadia Villafuerte, como parte del laboratorio de esritura de la Casa Cultural.
http://www.am.com.mx/Nota.aspx?ID=247211

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¿Te gusta el Látex, cielo?




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Reminiscencias II

Hace unas horas estaba soñando con usted. Hace unas horas me descubrió usted, en mi sueño, con el gesto más risueño y gozoso del que sospecho sería capaz. Yo, contrario a lo real, tomaba entre mis manos su rostro, tan tiernamente como me es imposible creerlo -sólo en sueños suceden estas cosas- y la besaba poco a poco. Pasaba mis labios entre los vértices de mis dedos que, abiertos, dejaban emerger su cándida piel; entonces yo besaba lánguidamente sus mejillas. Me acercaba. La noche era brillante y usted tenía puesto un abrigo de botones grandes. Usted sonreía y cerraba los ojos como para sentir la noche de humor húmedo pero frío. Yo vestía un sueter gris que buscaré en alguna tienda después de esto. Poco a poco, me aproximaba hasta encontrar sus labios pequeños, a tientas, tímidamente, pero con una decisión desconocida para mí. Nunca dejé de tomarle el rostro con mis manos. Sentía su cabello y yo me estremecía. Sentía su piel y aspiraba su aroma como para no perderlo nunca. Pude ver, como si me alejara de la escena, que le besaba en medio de la noche, en medio de una gran avenida del DF o de León, qué sé yo, en medio de mi vida y supe que era el sueño con el que quería soñar.
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De Ángel González

INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR

Son pocos.La primavera está muy prestigiada,
peroes mejor el verano.Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingosen algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
quicios de puertas orientadas al norte,orillas de los ríos,bancos públicos.
Los contrafuertes exterioresde las viejas iglesias
dejan a veces huecos
utilizables aunque caiga nieve.Pero desengañémonos: las bajastemperaturas y los vientos húmedos
lo dificultan todo.
Las ordenanzas, además, proscriben la caricia (con exenciones para determinadas zonas epidérmicas-sin interés alguno-en niños, perros y otros animales)
y el «no tocar, peligro de ignominia»puede leerse en miles de miradas.
¿Adónde huir, entonces?
Por todas partes ojos bizcos,córneas torturadas,implacables pupilas,retinas reticentes,vigilan, desconfían, amenazan.
Queda quizá el recurso de andar solo,de vaciar el alma de ternuray llenarla de hastío e indiferencia,en este tiempo hostil, propicio al odio.
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Prohibido Besar.




No hace mucho tiempo el Congreso del Estado de Guanajuato, a petición de H. Ayuntamiento local decidió, como ley, prohibir el paso de burros por la vía pública. Los burros de carga que uno puede encontrarse de paso, con leña en el lomo o carbón o alfarería o paja o lo que sea, debían desaparecer. Afeaban La Capital Cervantina de América. Recuerdo que me quedé pasmado. El argumento era tocho, bastante idiota -quien viva en Guanajuato permanentemente podrá decirme si me equivoco-, y el castigo era para el dueño del burro. Decían, los diputados, que la mierda de los burros y la existencia de éstos, me parece, era indigna para una ciudad que vive del turismo como Guanajuato. Hay, sin duda, gran luz en buscar la belleza y la buena convivencia entre los hombres, pero, joder, ¿qué, no saben los diputados que los burros de carga no son un lujo ni un capricho de los alfareros o de los albañiles?¿acaso un Edil o un Síndico ha cargado una maleta o una bolsa con víveres por más de un callejón en Guanajuato como para que le permita imginarse el calvario de cualquier callejón de Guanajuato, llámese el del estudiante, el del Espinazo o, para ponernos serios, el del Púquero o la Calzada? ¿O, para hablar en economía, no han notado los administradores de la moral que los burros cargan el carbón de restaurantes famosos, la alfarería y chucherías aledañas que el turismo compra y regala ancestralmente a los que le esperan en casa? ¿No han podido notar que no por vestirse especialmente para meterse al Congreso cada mañana se justifica su pésimo gusto a ellos también?


Ahora, esta mañana -ya desde ayer había leído una nota que me pareció extraña en la que prohibían vender en la calle, y peor, comprar a puestos ambulantes-. Volví a pensar en lo idiotas que suelen ser algunas legislaciones en Guanajuato. Pensé en aquel sistema de transporte y la formidable idea para "modernizar" la forma de pago. Quién puede olvidar cuando implantaron en cada urbano una maquina súper tenológica que cobraría inteligentemente los cuatro pesos del pasaje y evitaría los robos y a los cobradores tradicionales y las pérdidas y las filas tristes de pasajeros. No hace tres, quizá cuatro años de eso, no me quiero imaginar la inversión y la lana de comisiones y rebanadas del pastel del erario local que se perdieron en ese transe -y que alguien, por supuesto, se embolsó y debe sonreír cuando lo recuerda-. Nunca hubo tarjetas preferentes, nunca hubo un uso efectivo -no es posible- el transporte en Guanajuato, como Guanajuato mismo, no tiene posibilidad de "modernizarse", la ciudad es así y ya- y en poco tiempo, las máquinitas dejaron de funcionar. Simplemente era una crónica tan evidentemente anunciada como que sale el sol todas las mañanas, aun cuando no lo logremos ver.


Esta mañana pues, trascendió la noticia que me parece sesuda y de bien pensada para provocar risa:

Jueves, 15 de enero de 2009 - El presidente municipal de Guanajuato, Eduardo Romero Hicks, decidió prohibir los besos en la vía pública, así como pedir limosna o usar palabras altisonantes, al aprobar un nuevo reglamento, que además se castiga con cárcel o multa.
Al respecto Xóchilt Gálvez, corresponsal especial de “José Cárdenas Informa”, indicó que este nuevo reglamento establece como una falta, algún tocamiento que pueda causar molestia o que pueda ser considerado como obsceno, a la vista de la policía o autoridad municipal.
El reglamento se castiga con cárcel o multa a las personas de hasta mil 500 pesos equivalente a 30 salarios mínimos, detalló
Este jueves Romero Hicks precisó que un beso que calificó como tipo “olimpiada”, podría ser una causa de un arresto, considerando las modificaciones al bando de policías.
Algunos regidores del PRI consideraron que esta reforma al bando de policía, no es otra cosa que un acto moralista y advirtieron que este tipo de acciones va a desalentar el turismo, dado que muchas de las personas que van a Guanajuato es para visitar el Callejón del Beso, que es tan tradicional.


Y claro, la lucidez de los regidores del PRI al respecto de la prohibición de los besos es para levantar uno mismo la cabeza y pensárselo, deberían estar en el MIT todos ellos. La ley, sin duda, matará una tradición turística de Guanajuato. La del Callejón del Beso; también acabará con el amor en Guanajuato, un beso, qué daría Adolfo Becquer por un beso. En cuanto a los vendedores ambulantes, seguro Romero Hiks y compañía, además de resolver y conquistar el mundo con luz y con tremendas ideas, habrán pensado decididamente en qué es lo que van a hacer con ésos que afean el ambiente turístico, esa lacra de la sociedad que son los vendedores ambulantes, ésos que aturden como anguilas en el cielo, ésos que consiguen su sueldo de los transeúntes y que no les permiten vivir libre y saludablemente. Esos que, seguro, se suben el sueldo cada navidad y que deciden que necesitan una dieta y una comisión y todas estas cosas que, por supuesto, los síndicos y los regidores y los diputados locales no conocen porque, ellos, ellos están sumamente ocupados por legislar acerca de seguridad, acerca de cultura, acerca de economía, no acerca de besos y de cuestiones estéticas que "afean" una ciudad tan bella y mágica como Cuévano, Estas Ruinas que sigues viendo.
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Módulos del Laboratorio de Escritores.



En el marco del Laboratorio de escritura de Casa de Cultura, este 23 de enero presentan




¿Te gusta el látex, cielo? De Nadia Villafuerte y charlan acerca del género literario más joven, el Ensayo.

Presentan: Nadia Villafuerte, Geney Beltrán Félix y Luis Felipe Pérez.



Redacción/ Colectivo Plataforma.

No me arrepiento de haberlo matado. Se lo merecía. No supo con quién se metió. Porque mira, una viene con mala sangre y los demás se encargan de agriarte más y más y más. No tenía por qué, y conmigo se jodió…”


El libro ¿Te gusta el látex, cielo? (Fondo Editorial Tierra Adentro, CONACULTA, 2008), de Nadia Villafuerte, registra “esquinas de la realidad donde se agazapan los peligros, en forma de telarañas de apariencia inofensiva” según el editor Geney Beltrán. La autora recurre a personajes marginados, aquellos situados en la frontera del sexo, la vida en pareja, la piel y la mirada, pues “lo real ocurre bajo la superficie”. Destaca la osadía de la prosa narrativa de Nadia, quien da cuenta de aquella consigna de que a nuestras espaldas hay un pasado en obras. La autora reconoce eso que llamamos tradición y sabe también lo pesado de esa loza, sólo si no se le conoce.” Geney califica de “experiencia perturbadora” la lectura de la obra de Villafuerte, pues define su estilo como una “violencia sorda” que narra “historias bajo la superficie, a punto de estallar”, en lo ignorado, a través de una “mirada puntillosa y precisa” y una prosa certera y fluida.


No es ninguna acotación arriesgada afirmar que, debido a que temática de Nadia Villafuerte se ubica en los márgenes, en la frontera del sur, donde hay “historias de mojados, prostitutas, corrupción política y extrema pobreza” sea un acto de denuncia. Y, ya que está también en el borde del norte, “un paraíso de plástico que no logra acallar las pulsaciones, que llaman del abismo, como el odio” que, junto al abanico de personajes que podemos encontrar como un espejo de la consuetudinaria realidad, Nadia, encadena la sordidez del ambiente y la soledad que avasalla el estado de ánimo develando, bajo el filtro literario, la sustancia de las emociones en una geografía humana con la que cualquiera puede rozar.


Hay quizá un hilo conductor en los diez relatos que nos deja Nadia Villafuerte en su libro ¿Te gusta el látex, cielo?: La impureza del ambiente que tiene consecuencias de varias índoles. Tras esa sustancia que enlista a muchos en el club de los insatisfechos y a otros tantos en el de los olvidados, Villafuerte se acerca a la pregunta ubicua ante el futuro, ante la vida, ante la posibilidad-obligatoriedad de seguir. Sus personajes dan respuestas que encuentran su cauce en la circunstancia, en la esperanzada e inevitable labor de dar un paso tras otro sin parar, y en la particular forma de afrontar la vida, lejos de morales reinantes, lejos de cobijos legales, sus personajes caminan buscándose para sí mismos el derecho a la existencia, a pesar de que parezca habérseles negado a éstos y a cualquiera de nosotros.


No es la miseria o la acre realidad el más grande mérito de Nadia Villafuerte en este conjunto de relatos sino la maestría con la que conecta transversalmente la temática con la formalidad del relato. El lector puede encontrar en la lectura la necesidad de saber qué pasará, aunque aquello que le cuenten le suene familiar. Con recursos heredados y asimilados de esta misma tradición a la que se ha referido Geney Beltrán, ¿Te gusta el látex, cielo? construye su pretexto literario en la escritura, en cómo se han de presentar las historias que se cuentan, y es ahí que la autora hace emerger su propio estilo de dejar personajes construidos quisquillosamente, monólogos metafísicos que dejan dibujos exactos de los estados de ánimo en los que se puede estar, fotografías cabales de los sitios que construye en cada relato, además de las situaciones límite que logra la autora bajo la sintomática anécdota de cada relato. Nadia Villafuerte pues, presenta en cada relato un trabajo de escritura preocupado por su solvencia y eficaz en sus pretensiones.


Nadia Villafuerte nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas en 1978. Estudió periodismo en la Universidad Autónoma de Chiapas y educación musical en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas. Ha publicado los libros de cuentos Barcos en Houston (Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas, 2005), y Presidente, por favor, en la colección de narrativa negra La casa Ciega (Edaf, España, 2006), fue becaria del Programa de Apoyo a Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en su emisión 2003-2004, así como de la Fundación para las Letras Mexicanas en los periodos 2006-2007 y 2007-2008.


Asimismo, Geney Beltrán Félix, de quien sabemos es narrador y ensayista y editor. Nos hablará acerca de la actualidad del Ensayo y su pertinencia como vehículo comunicante. Él mismo afirma acerca de la escritura, de la novela y de la literatura si es que nos damos el lujo de generalizar así, como a la ligera su concepción de la escritura, que lo delata en sus influencias:

Una novela que vomite. Que vocifere su furia, que respire con enojo, hastiada de seguirle creyendo a la escritura sus ímpetus pudibundos. Que convoque en su prosa distintos niveles de la existencia, que vaya de lo elevado a lo sórdido, del lirismo a la crudeza, del estrépito al laconismo. Una novela que no use guantes de seda, que no tome el té de las cinco. En cambio, un libro áspero, que lacere y perturbe, que tense las palabras no con el estruendo fácil del amarillismo sino a partir del asedio de una violencia interior, solapada: una sintaxis que se vulnere sin gratuidad, sólo tácitamente y desde adentro, y que ése, inmaduro pero necesario, sea su estilo, a raíz del silencio que asfixia, y que en la página estalla.

Una novela así, por una intuición solitaria
.”

Geney Beltrán Félix, vivió durante su infancia en un pueblo de la Sierra Madre Occidental llamado Chapotán, en Tamazula, Durango. Durante el bachillerato, trabajó como reportero cultural en El Diario de Sinaloa, de Culiacán. Estudió letras hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México y literatura inglesa en el Victoria College de la Universidad de Toronto. Ha sido becario de la Fundación Lorena Alejandra Gallardo. Ha trabajado como profesor de preparatoria, bibliotecario, asistente de investigación y traductor de libros de administración y psicología. Fue editor de literatura del Fondo de Cultura Económica (2005-2006). Ha publicado los libros de ensayo El biógrafo de su lector (Premio Nacional José Vasconcelos 2002) e Historias para un país inexistente (2005). Con Verónica Murguía hizo la compilación El hacha puesta en la raíz. Ensayistas mexicanos para el siglo XXI (2006).


Por partida doble pues, la cita será para este 23 de enero de 2009, a las 7:00 de la noche, en el marco del Laboratorio de Escritura que se imparte desde septiembre por parte de la Casa de la Cultura, ahí en el recinto de Álvaro Obregón, frente al jardín principal.

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A qué me suena esto:

"Mucha gente me reprocha mi ritmo, dicen que es asfixiante y que el empeño que impongo en mis textos desquicia a la gente. Yo necesito que los lectores cumplan mis reglas del juego; es necesario que el lector haga un pacto con mis libros para que se venzan todos los obstáculos y esos obstáculos se vencen en las primeras páginas; es que ahora la mayoría de los lectores no quieren asumir retos de nada."
Daniel Sada.
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Amuleto.

"Yo no podía olvidar nada. Dicen que ése es mi problema."

En Amuleto, de Roberto Bolaño. (144)
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60 años de DIARIO DEL LADRÓN





“Nací en París el 19 diciembre 1910. Pupilo de la Asistencia Pública, no pude conocer nada más de mi estado civil. Cuando cumplí veintiún años, obtuve una partida de nacimiento. Mi madre se llamaba Gabrielle Genet. Mi padre es desconocido. Vine al mundo en el 22 de la Rue d’Assas”.

"Cuanto mayor sea mi culpabilidad a vuestros ojos, entera y totalmente asumida, mayor será mi libertad y más perfectas mi soledad y mi unicidad."




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31 de diciembre.

"Hemos celebrado el año nuevo como quien dice en familia [...] Supe que siempre había querido marcharme. Entré y antes de que pudiera cerrar Ulises aceleró de golpe. Oí un disparo o algo que parecía un disparo. Nos han disparado, hijos de la chingada, dijo Lupe. Me volví y através de la ventana trasera vi una sombra en medio de la calle. En esa sombra, enmarcada por la ventana estrictamente rectangular del Impala, se concentraba toda la tristeza del mundo. Son fuegos artificiales, oí que decía Belano mientras nuestro coche daba un salto y dejaba atrás la casa de las hermanas Font, el Camaro de los matones, la calle Colima y en menos de dos segundos ya estábamos en la avenida Oaxaca y nos períamos en dirección al norte del DF."
(Los detectives salvajes, 136-137)
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3: 48 pm


Una mosca no me deja en paz. Me moveré de aquí. Que venga, si no es mucha molestia, un año de discretos descalabros para todos.
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