Ay quién dice que fui yo.

"y desafiando el oleaje sin timón ni timonel,
por mis sueños va
ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje
luciendo los tatuajes de un pasado...
y cómo huir si ya no hay islas para naufragar...
Al lugar donde has sido feliz no deberías tratar de volver."
Sabina, Peces de ciudad.
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ah, caray.

Cuando supe que el libro de poemas de Javier Sicilia había ganado el Premio Aguascalientes de este año sonreí. Lo platiqué con JP en alguna ocasión. Hablamos de cuando lo hemos leído o escuchado hablar de liteatura. Sólo eso.
Hace unos días, en El laberinto, suplemento cultural del Milenio que suello seguir apareció un artículo de Evodio Escalante avcusando y quizá hasta mofándose tanto de sicilia como del jurado del dichoso premio. Ponía en tela, como suele ponerse desde hace tiempo, la calidad de la obra y del mismo jurado. Escuché algunos comentarios en el pasillo del cole a donde asisto actualmente. leí el artículo, no me pareció tan contundente como la reseña emocionada que me había topado escupía poniendo en duda toda la tradición literaria. Esta mañana he encontrado esto. Suele ser uno un tanto cobarde para pronunciarse aquí o allá. Pero por lo menos Sicilia no se anda por las ramas y le deja esta carta http://impreso.milenio.com/node/8580059 a Evodio y dirime algunas duda que parecían quedarle al crítico.
aquí un fragmentito,
"Tu tarea, querido Evodio, lamento tener que ser yo quien te lo recuerde, es iluminar la cultura. Si quieres desacreditar mi obra, intenta hacerlo, pero, para que la tradición poética gane, intenta hacerlo bien: tómala en conjunto, confróntala con esa Cultura, mide su ritmo, trata de ver si lo que digo a través de esa misma Cultura y de mi diálogo con otros poetas que retomo, ilumina nuestra época, historiza el concepto de autor, pero, por Dios, no incurras en la banalidad de acusarme de plagio y de desacreditar a un jurado respetabilísimo calificándolo de ignorante e imbécil. Los pequeños escándalos de la pequeña burguesía son el alimento del lumpen. Hace tiempo, enfrentado con un crítico semejante a ti le decía que habría que tomar en su sentido literal las palabras de Jesús de no tirar margaritas a los cerdos. Entonces creía que
ellos estaban en los partidos políticos, en las mafias, en los resentidos y en las periferias de la Cultura. Después de leerte, ya no creo lo mismo: los cerdos han colonizado ese territorio y se hacen pasar por descubridores del hilo negro y maestros de literatura. Cuando esto sucede, quizá sea tiempo de callar."
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Días de poesía.

Desorbitado y huraño el profesor ha apuntado hacia la esencia de la poesía. En medio de un transe extrañísimo, tenso y hasta algo hostil, han tocado a la puerta. El profesor ha gritado. Escupió un ¡no estén molestando! La insistencia de quien toca es más decidida que el penetrante desaire del poeta. La clase se ha quedado de hielo. ¡La clase ha comenzado!, volvió a tirar violentamente. Pasó lista, del otro lado de la calle se escuchaba “El viajero” en un carro publicitario que anunciaba una tienda de ropa íntima para dama. Preguntaba nuestras aficiones con desinteresado aire inquisitorial. Él se dedicaría a enseñarnos lo impenetrable, la esencia de la poesía, se dedicaría a nivelar el entendimiento del grupo acerca de la poesía. Daba miedo, levantaba la sospecha de que en cualquier momento, el poeta, el elegido, se desmayaría. La puerta hizo otro ruido, él vehemente lo borró. Recordé a José Antonio. Me reía de lo bien que le vendría esta clase. Estaría extasiado. Supe que la clase lo volvería loco. Parecería que lo escuchaba afirmarlo todo, emocionado, al punto de la locura. Lo imaginé saltar de su silla y perder la compostura y, repitiendo versos de María Sabina y de chamanes aledaños, idolatrar al profe y declararlo el hijo de David. También pensé una afirmación que se me muestra contundente sin duda: los poetas son bien pinches mamones. No me queda duda. Debe ser agotador ser la madre del cordero, la madre de la poesía latinoamericana, ser una Cesárea Tinajero a diario, o una Auxilio Lacontour socialista que le da al pueblo la palabra divina. Una especie de sacerdocio que se veía invadido por el cuarto toc de tocs anteriores. Alguien debía abrir a la puerta, insistían fuera del salón, pero el poeta se aferraba, y el ruido de la canción en la calle se escuchaba cada vez más cercano, los signos de mareos y una cruda de peyote eran tan evidentes que comencé a temer algún síntoma de rabia en el poeta. El poeta en transe, desorbitado se negaba a abrir la puerta. Decididamente tocaban, se escuchó, además, de a Luis Miguel afuera, en la calle, el timbre de un celular, “Vasos vacíos” en versión pirata, no paraba el transe del poeta; los que estaban más cercanos a él sentían vibraciones hasta que todo se rompió cuando se escuchó: Boss, you´ve a call, que salía del celular del poeta. Aquello mágico se redujo al a entrada de varios compañeros que habían equivocado el horario. El poeta, después de colgar el teléfono derivó la esencia de la poesía en el sinsentido de la vida, en el ardor por la muerte y en el anti climático destino de las mujeres para buscar a un donador que les cumpliera el sueño de reproducir la especie en cuanto antes. De verdad que los poetas son tipos inquietantes para la sociedad.
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bitácora.

Cayó un aguacerazo. Sin opciones, debí meterme a un bar para guarecerme. Fútbol en las pantallas. El equipo de acá pateó al equipo contrario. Había un poeta, un novelista y la ganadora del concurso de ensayo sobre escritores jóvenes en México. Nos reconocimos; bebían y celebraban los goles poblanos. Me senté con ellos y pedí. Era como si nos viéramos a diario. Charlamos de todo. También de fútbol. Nos sorpendía Osorno y su vigésimo segundo aire en el fútbol, veíamos a Davino sanear en la defensa como león, coréabamos el empuje de los Chelis boys.
Al finalizar el partido estaba hambriento. Comí un taco árabe y una cemita de suadero con una coca. Salí del zócalo, otra vez, rumbo al cuarto en donde duermo.
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Viajé toda la noche. No lo vuelvo a hacer; no para estos tránsitos acá. Llegué amaneciendo. Con toda calma avancé hacia los urbanos. Me subí pronto en uno: al centro. Caminé dos cuadras y entré a territorio conocido.
Hay dos cosas rescatables de este inicio: La primera noche, la cama se romipó cuando yo dormía. A la mañana siguiente me tuve que bañar con agua helada. De todo lo demás sólo ha sido pasar. Durante los demás días me he seguido botando a carcajadas de eso. Dicen que es de buena suerte.
Saludos desde el zócalo de Puebla, donde me robo la línea y la electricidad.
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Aires.

Irse es irse. A ver qué tal funciona.
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Ah.

"La verdadera nostalgia, la más honda, no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro. Yo siento con frecuencia la nostalgia del futuro, quiero decir, nostalgia de aquellos días de fiesta, cuando todo merodeaba por delante y el futuro aún estaba en su sitio"
Luis García Montero, Luna en el sur.
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El Faneca.

Uno de mis imprescindibles es Juan Marsé. Milenio, diario publica este sábado mi texto sobre el Premio Cervantes de este año.

"Recordar con una memoria extraña"
La obra de Juan Marsé, rebosante de nostalgia por una infancia inmersa en la España de la posguerra, es revisitada en estas páginas con motivo de la entrega del Premio Cervantes al escritor barcelonés.

http://impreso.milenio.com/node/8568835
Compren el periódico, no sean gachos.
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Día del trabajo.

"El trabajo aleja el vicio, el fastidio y la miseria"

El "Amigo" Pancho.
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